MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

30 de enero de 2014

Amazonia 5 – SELVA AMAZÓNICA-SANTARÉM-AMAZONAS

DÍA  12 COMUNIDAD INDÍGENA DE MAGUARÍ (SELVA AMAZÓNICA)

La noche fue buena colgado en mi “rede”, la estancia con el techo de paja y sin ventanas hizo que corriera brisa y no hizo calor, incluso hasta por la mañana se notaba un poco de frio dentro de mi finísimo saco sabana.

Pájaros, macacos, todo tipo de gratificantes ruidillos que uno imagina de donde provienen y quiénes son sus compositores, pero los que verdaderamente hicieron de despertador fueron una pareja de patos mudos que entraron por algún hueco inferior del tendejón. Sobre todo porque el pato sería mudo, pero hacia bastante ruido persiguiendo a su amada por toda la habitación, renegando un poco esta de tanta presión mañanera. Como en mi asturiana casa también tienen estos singulares ánades mudos, algunas saben de qué sonido gutural hablo.

El caso es que me vinieron bien estos cuasi veroneses amantes enamorados, ya que eran las 7 de la mañana y a las siete y media tenía pensado levantarme para tomar café y salir con Raimundo el hijo de Joaoquin y María, como mi prima, para adentrarnos en la selva cercana.

El café como siempre, servido ya azucarado, por la matriarca del clan indígena junto a unas galletas saladas que untadas con mantequilla, hicieron de desayuno.

Salimos en dirección a la primera parte de la selva, no muy alta y denominada secundaria precisamente por carecer de grandes árboles, y caminando durante un par de horas ya empezamos a adentrarnos en una zona mucho más oscura con muchos apuis, arboles de gran tamaño que siempre se encuentran cubiertos por plantas trepadoras. Resultado de la unión de los dos, reciben el curioso y letal nombre de abrazo de la muerte. Raimundo me enseña las aplicaciones de varias hojas y troncos que sirven como repelentes naturales, y aceites para el cabello y la piel. Pequeñas semillas de gran dureza sirven para confeccionar collares en la comunidad, y hojas de palma, una vez secas, sirven para las techumbres de las cabañas así como  para realizar pulseras y especie de paipay que Raimundo me elabora en un abrir y cerrar de ojos, entretejiendo las tiras deshilachadas de la hoja de palma.
 


Vemos otro apui que debe tener unos 200 años por su diámetro y una especie de ceibas con troncos también  gigantes, lugar ideal para sacar fotos de hombres enanos, al lado de tales prodigios de la natura.

Ya había estado en africanas selvas como las de Bwindi Impenetrable en Uganda, asiáticas como la reserva de Chitwan en la frontera de Nepal e India, y donde tuvimos ocasión de hacer un fenomenal safari por ella a lomos de elefante, e incluso de Norteamérica, pero nunca en mis viajes por Sudamérica había estado en una, y esta selva amazónica quizá sea la más grande del mundo, en tamaño, extensión e impresión que causa al absorto caminante.

Lo que sí es común a todas ellas, es echar a correr o caminar rápido cuando ves hojas que avanzan a toda velocidad cruzando el sendero. No es magia pero lo parece, las hormigas que hay debajo son de gran tamaño pero la carga que llevan supera varias veces sus dimensiones. Eso sí, si te quedas parado observándolas, lo que es fijo es que ellas te van  a entrar a observar a tí más de cerca, y si ya te pica todo pensándolo, imagínate si te entran de verdad pernera arriba.

Mas frutos caídos con los que se hacen también jabones y aceites, y un sinfín de explicaciones que durante años y años han ido pasando de generación en generación, suponiendo un saber muchas veces todavía no descubierto por las grandes corporaciones farmacéuticas y dermoestéticas. Pero fijo que usaran todos los medios para descubrirlo, y lo que es peor usaran después todos los medios para conseguir el producto con que hacerlo, y posiblemente destruyendo parte de esta gran ultima reserva salvaje y casi en un 80% todavía, no vulnerado ecosistema.

Hoy en día en Brasil se libra una lucha sin cuartel entre quienes defienden con apoyo de muchísimas organizaciones internacionales, la protección a ultranza de un medio natural que no debe explotarse sin control, y por otra parte grandes y a veces oscuros intereses que tienen la capacidad de comprarlo todo, siendo para ellos solo una inversión que después de los pertinentes permisos políticos, la recuperaran infinita y avariciosamente en muchas ocasiones.

Esta comunidad indígena esta arropada y respaldada por una organización que pretende que las gentes que en ella viven, puedan seguir en estas selvas, usando solo los recursos necesarios para mantener sus necesidades primarias y convivir sin alterar el medio. En Maguarí y en la cercana Jamaraquá se ha conseguido, y así se puede hacer en todo el país y en toda la gran cuenca amazónica, pero de qué sirve que esta gente sea sumamente respetuosa y austera con su medio, si después grandes empresas madereras talan sin control extensiones enormes de terreno selvático. Raimundo me explica al pasar por un árbol talado y troceado, que es para hacer un cobertizo para reunión de la comunidad, pero que para talar el árbol, ellos tienen que pedir permiso y esperar su concesión de las autoridades. Eso solo para un árbol, y por quien vive desde siempre en esas tierras, y sin embargo otras gigantes corporaciones….está todo explicado, ¿no?
Llegamos a una especie de choza, donde Raimundo me explica señalándomela que no se harán nunca casas selva adentro, sino solo estas pequeñas techumbres para trabajar y cultivar la zona estrictamente necesaria para obtener unas frutas, plantar unas patatas y cortar algo de madera para construir sus casas. No puede ser más justo para el humano habitante y la naturaleza madre que le acoge en su interior.
Cogemos unas papayas ya amarillas, para comer al regreso de nuestra caminata, y también me enseña las hojas con las que envolver pollo o pescado para cocinarlo braseándolo en pequeños fuegos en el suelo. Recientemente en viaje con mon ami Blas, por el africano Camerún tuvimos ocasión de ser invitados a pollo cocinado de esta forma y el resultado no puede ser más sabroso.
 
 A los europeos nos cuesta entender que durante tanto tiempo al fuego, ni la madera utilizada como apoyo, ni las hojas de palmera se lleguen a quemar con las llamas. En fin, si hubiéramos necesitado hacerlo, lo entenderíamos primero.

Ya de vuelta, mi anfitrión corta un tronco de caña de azúcar que me pela con su cuchillo para que pueda endulzarme el paladar chupando el azucarado palo en camino de vuelta, donde también soy instruido en el manejo de las colgantes lianas con las que también se puede viajar por estas selvas al más puro estilo Tarzán. Y es que el ánimo de los muchísimos macacos y monos aulladores que se movían a gran velocidad por los árboles, utilizando con destreza su larga cola, invitaba a ello.

Y para que no me quedara nada en el tintero que más tarde me pudiera sorprender, me enseña unas hojas de una planta que tienen el don de ser como el esparadrapo, ya que una vez las pegas a tu cuerpo o tu ropa, se quedan ahí como si de una calcomanía o celo se trataran. Magia selvática amazónica, cuasi vudú.

En fin, que ya en el poblado después de unas cinco horas de sudorosa caminata, uno ha asistido a otra de esas impagables clases de esta Universidad de la vida en viaje, la mejor del mundo, y además con campus diseminados por todo el planeta.

En el cobertizo de palmera esta Joaoquin y su señora esposa con alguno de sus hijos y nietos, que acceden encantados a hacerse unas fotos conmigo, para tener un recuerdo de geniales gentes, y ya son muchos los que voy acumulando, que satisfacción haber podido convivir con tantas familias de otros tantos continentes, y aprender tantas cosas de sus cotidianas vidas.
 

Antes del almuerzo aprovecho para darme una ducha en exterior tendejón también denominado primario, y hacer colada después de sudorosos y malolientes días de barco.

Cuando regreso de tender la ropa, me topo con compañeros de choza, y es que tres franceses acaban de llegar de Santarém para pasar aquí también un par de noches y coincidiremos en este último mi día aquí.

Los tres venían por separado, pero lo que nos suele pasar a los individuales viajeros, el viaje nos acaba juntando, así que uno de Montpellier, otro de Annecy, tierra de la omnipresente marca francesa de ropa de montaña, Salomon, donde me indica trabaja su padre, y otro de Paris, ya juntos en Brasil se unen esta noche al asturiano de Pola.

Comida juntos a base de riquísima feijoada con arroz, pollo y tomate que nos han preparado en nuestro sencillísimo pero acogedor resort indígena.

Y para finalizar el día, mejor dicho para empezar la noche, una de esas cosas que se pueden hacer, que dan cierto respeto, incluso algo de controlado miedo, pero que cuando se presentan no se pueden dejar escapar. Un local del clan indígena, nos anima a ir a intentar ver unos inquietantes pobladores del rio, que no son otros que los yacarés, especie de cocodrilos, más bien parecidos a caimanes que normalmente se vienen a las aguas estancadas de la orilla del rio, y de los cuales en la oscura noche, solo se ven sus reflejantes ojos.

Así que armados con unas simples pequeñas linternas, nos vamos los cinco caminando por pista aproximadamente un kilómetro rio abajo hasta que nos comenzamos a introducir en la húmeda arena, ya cerca del rio. Sin hacer ruido y con nuestro indígena guía, como única seguridad de hacer las cosas medianamente prudentes, nos empezamos a meter con el agua por las rodillas mirando hacia todos lados con las linternas. Adrenalina la he tenido otras veces por las nubes, pero cuando estás haciendo algo para ti tan desconocido, en un medio tan desconocido y a la espera de inquietantes acontecimientos, esta os aseguro que se dispara.

Recuerdo otra ocasión no hace mucho tiempo, en viaje por Centroamérica, donde probé experiencia que para mí fue total. Os comparto enlace de ese capítulo de blog por si luego os apetece leerlo a quien no siguieráis aquel viaje. La narración de una nocturna también experiencia está en la segunda parte de esa entrada de blog.
http://albertocampamontes.blogspot.com.br/2011/09/viaje-centroamerica-ix.html
 

Fue buceando en la noche de la isla hondureña de Utila, y mi corazón latía de una forma similar a esta noche amazónica.

Prosigo con la narración, aunque creo os desilusionara un poco el final después de tantas expectativas que tendríais puestas en este relato, pero a veces las cosas no se dan. Una vez atravesada por todos la zona inundada, salimos a una zona de arena con manglares de rio, desde donde caminando en fila y alumbrando constantemente la zona paralela inundada se intentaban descubrir esos ojos de yacaré, pero tras casi una hora buscando, no tuvimos la suerte de que estuvieran por allí, como según nos decía nuestro acompañante solían venir a pasar las noches y reposar semisumergidos en esas reposadas aguas.

Así que haciendo una final intentona en otro lugar un poco más lejano, dimos por abortado el intento, ya que no siempre es posible que ellos se quieran dejar ver, como también sucede con otros curiosos animales que pueblan la entrada de este rio, los por mí tampoco vistos, y llevo tiempo intentándolo, grandes manatíes.

Noche colgante acompañado  por también colgantes amigos de la francesa Francia, con quienes no tuve suerte de compartir experiencia natural, pero el día fue más que positivo, así que a dormir muy contento por todo lo visto y aprendido.

 

DÍA  13 SANTARÉM –AMAZONAS (OBIDOS)

El día comienza con gran madrugón a las 4 de la mañana para coger el único bus que retorna hacia Santarém, donde abandonando este rio Tapajós, seguiría curso arriba nuevamente el Amazonas.

Por si me dormía, los gallos indígenas se encargaron de despertarme sobre las tres de la mañana en canticos coordinados por todos los gallineros, y debían de ser casi 40, tantos como familias indígenas de Maguarí,  porque aquello en la madrugada era una sinfónica. Que digo una sinfónica, era una radio transmisión, similar a Eurovisión, con conexiones en directo desde todos los puntos. Pero al menos, hoy no entró el pato mudo a retrasmitirme el acontecimiento musical.

En la oscuridad me levanto intentando no perturbar el sueño de “mes trois amis françaises” que dormían ampliamente en el frescor de la noche amazónica. Palpando ropa, y con la única luz de mi teléfono, grandísimo compañero de viaje, porque lleva años haciendo las veces de reloj, que no llevo, de cambio de moneda, de lectura, de música, de diario y como no, de improvisada linterna, hago petate para partir.

Relleno mi botellín de agua, con agua de lluvia que recogen en tinajas y envían a la vivienda por un ingenioso sistema de tuberías, para así no tener que comprar durante el viaje y hasta llegar al barco, donde también la tendré nuevamente gratis.

Finalmente descuelgo mi “rede” que me seguirá haciendo el uso de cama durante todavía muchas noches. Como me hacen disfrutar las cosas que compras baratas, que te hacen viajar barato y encima que las utilizas y empleas muchísimo. Hubo muchísimas cosas útiles que compré estando de viaje, y que todavía conservo y uso, a veces pareciendo indestructibles, por la cantidad de años que llevan conmigo, zapatos, camisetas, mochilas…

Hago esta reflexión, porque opino que a veces también se compran muchas cosas, a veces a precios elevados, se usan una o dos veces y se quedan en un cajón o enseguida se reemplazan por otras más nuevas pero que no sustituyen funcionalmente el uso que tenían las antiguas.

Es un error que a veces  hace tener que ganar más para gastar más, sin llegar a explotar bien cada producto. En cuanto al precio sucede lo mismo. Siempre creí que el precio de las cosas  (ropas, electrónica, menaje, deporte…), no debería ser nunca el que marca el fabricante sino el que esté cada uno dispuesto a pagar por él. De hecho, hoy en día y ya desde hace bastantes años, la forma de comercializar cada producto suele ser marcarle un precio más alto del justo inicialmente, al haber siempre mucha gente que no se parará a examinar si es justo, ya que sencillamente lo paga. Posteriormente, una vez estos clientes ya han comprado se va disminuyendo y buscando clientes en escalas de precio intermedios que también lo vayan pagando, para al final dejarlo definitivamente en un 40 o 50% más barato que su precio inicial, donde se vende el resto, siendo éste el precio más justo de compra/venta.

Creo que la forma más efectiva de ganar dinero es gastándolo. Nuestros ingresos a veces vienen ya estipulados, pero nuestros gastos son siempre decisión nuestra y si es meditada, comparada y pensada, siempre se va a ganar mucho dinero en un mes, la cantidad se multiplica sustancialmente en un año y que decir de la cantidad de dinero que se puede ganar en una vida, simplemente gastando inteligentemente en todo.

Todo este discurso, imaginaros que es por una simple hamaca de 20 reales, con un simple ahorro de 5 o 10 reales, pero que sumado al ahorro de alojamiento estándar durante días y el uso, espero mucho, que se le puede dar, fijo irá haciéndome ganar días futuros de viaje, de vivir, de conocer, de ganar experiencias y sensaciones impagables.

Por eso me encantan la mayor parte de países de este mundo, donde las cosas no tienen un precio, sino que el precio lo va generando el regateo entre un vendedor y un comprador, que generalmente llegan a un punto de encuentro, donde el comprador llega hasta donde considera vale la pena pagar, y el vendedor nunca lo bajará del que a él le merece la pena vender.

En la oscuridad de la noche me dirijo hasta la cercana pista por donde pasa el bus para no perdérmelo, pero antes debo ir al servicio mañanero, y que por estos lares es la inmensidad de la selva o riberas del rio. Espero no esté debajo ningún yacaré dormitado que se tenga que ir a pegar un baño. Oigo ya en la lejanía el ruidoso motor diésel del viejo autobús Volkswagen, marca que en este Brasil amazónico está desde años bien instaurada, habiendo muchísimos vehículos comerciales de la alemana enseña, desde camiones, picup y la conocidísima primera autocaravana del mundo, la hoy en día VW California, pero que allí sigue viéndose generalmente las unidades de los primeros modelos. Otra compra muy, pero que muy aprovechada.

Me subo tras abrirme en fascículos la puerta el mismo conductor que días atrás me trajo a conocer otro humano mundo selvático, y ya en el interior muchísimos indígenas del cercano pueblo de Jamaraquá, inicio de la ruta llenan el bus.

A mi lado, una nenina va con su mamá al cole, con una mochila colgada a la espalda que es más grande que ella, pero lo orgullosa que ella va con su mochila rosa se refleja en el gesto de descolgársela y colgársela varias veces, colocando sus libros y lápices en el interior.

Otro nenín re peinadísimo por su mamá, quizá con los aceites de los frutos caídos de enormes arboles selváticos, que Raimundo me mostró el día anterior. Atento, con su mirada al frente, observa todo el movimiento del bus en la pista. Y en general, todos los pasajeros indígenas, que a una cosa u otra se dirigen a Belterra o Santarém, me demuestran su grandísima dignidad. Como me gusta observar, pensar y ver la cotidiana vida, de cotidiana gente que vive su vida muy dignamente, con muy poco. Quizás en occidente cuando se emplea la palabra dignidad, en el trabajo, en la vivienda y en tantas otras cosas, no se acierta con el término. Muchas veces se reclama como digno, mucho más de lo que la persona se afana en conseguir. La dignidad, también como casi todas las cosas se gana con esfuerzo personal diario, y no solo reclamándosela a un estado o madre patria que deba proporcionarla.

Durante el viaje hasta Santarém, de unas tres horas, se llenaría y vaciaría varias veces sobre todo al pasar por Fordlandia, como aquí conocían la ciudad de Belterra, creada como os contaba por el inicial consorcio FORD, para sus trabajadores del caucho brasileño. Muy cerca de allí se encuentra la localidad ribereña de Alter do Chao, donde se encuentra una de las playas fluviales más bonitas de la cuenca amazónica con transparentes aguas y paradisiacas playas de arena fina. Con tiempo sería un lugar fabuloso para pernoctar y descansar unos días.

Sobre las 8 ya me bajaría para conocer la ribereña ciudad que se extiende kilométricamente, y que en su centro cuenta con un sencillo mercado de pescados, negocios de todo tipo y unos pocos hoteles que sirven como en uno cualquiera que entré, para desayunar muy barato lo que para mí ya sería una copiosa comida del día, ya que puedes coger todo lo que quieras por 10 reales, que son?....sí, unos 3 euros.

Tras ponerme las botas, subir las fotos de estos laboriosos blogs que les comparto a todos Vds., mas por el tiempo que supone esa subida a la red, en lugares donde las conexiones wifi suelen ser muy lentas y a veces hasta desesperantes. Pero de momento, todo va bien, y siempre he podido compartirlo, aunque a veces me cuesta alguna que otra carrera final hacia un bus o un barco, por no acabar de cargar en los minutos ya límites de tiempo.

 Tomando un rápido moto taxi, y cruzando la ciudad a gran velocidad…, jojaja, vamos a dejarlo en velocidad, pero un  poco cargado y agarrado a Sito Pons, con mi mochila, mi casco…no el suyo, de la talla S, que solo puedes insertar media cabeza y el gran calor ya reinante a esas avanzadas horas del día, arribo al puerto fluvial donde las grandes barcazas esperan para salir, entre ellas la mía, que esta vez es mucho más pequeña que la que me trajo desde Belem.

Pero aunque más pequeña, más vieja y más destartalada que la otra, hay una cosa que para un optimista lo compensa todo. Es su nombre: Cisne Branco. Nombre bonito que me traslada a otro muy conocido durante años rio, y que todavía hace unos meses pudimos disfrutar navegando a su paso por la capital serbia Belgrado.

También me recuerda la fantástica obra de ballet que en pasada vuelta al mundo pude ver y saborear en un escenario como el gran teatro de Novosibirsk, en mi hoy hace un año viaje transiberiano.

Para acceder al Cisne Branco, hay que esperar en una sala enrejada, donde a la voz de “arrr” todos mis compis de pasaje, toman sus cosas y entre algún que otro empujón salen disparados hacia la “nao”, una vez abierta la reja. Nunca estuve en la fiesta del Rocio, pero debe ser algo parecido, en cuanto de asaltar la reja se trate.

Y claro que sí, cuando la manada corre en estampida es por algo, y es que cuando llegas a la pequeña cubierta donde se viaja en hamaca, aquello está al límite de redes colgantes, teniendo que uno colgar la suya por: encima, debajo, sobre, adjunta, anexa o….bueno, o dormir en la de otro, jajá.

Vaya aforo, y es que aquí jamás verás un letrero que ponga “hasta llenar aforo”.  Se llenó tanto que hasta muchos tuvieron que colgar las hamacas en la bodega, junto al cargamento de tomates que la barcaza llevaba hacia Manaos. Pero la verdad es que por los solo 100 reales que cuesta este gran viaje de tres días y dos noches, a mí como a casi todo el resto me resulta suficiente. Lo único que me preocupa un poco es que los saturados registradores de pasaje me pierdan mi pasaporte, que debes de dejarles al subir a bordo. Y es que ya se sabe, tener que sacar otro pasaporte en estos lugares, supondría perder varios días de viaje.

La salida del puerto, dejando las otras abarloadas barcazas y  viendo toda la alargada y extensa ciudad de Santarem, es bonita, pero aún lo es mucho más, el espectáculo geográfico que iba a ver, pero que no esperaba ver hasta cerca de la ciudad de Manaos.

Es el increíble “Encontrro das aguas”, que aquí ya se da al juntarse los cauces de los ríos Amazonas y su afluente el por mi conocido en estos días en Maguarí, el rio Tapajós.

El espectáculo ya se presiente en la lejanía donde visualmente todavía estrecha franja de curso fluvial es de color diferente al hasta ahora navegado.

El barco se va acercando y los dos colores ya se ven juntos muy nítidamente, hasta el punto que uno parece estar observando una botella de sabroso licor Sheridan’s, donde sus dos sabores permanecen separados para más tarde juntarse en un único licor. En este caso el color amarronado y café con leche del Amazonas, corre paralelo al recién incorporado y más cristalino color té del rio Tapajós.

Este curso paralelo continua rio abajo si uno fuera descendiendo el rio durante varios kilómetros, al tener distintas densidades la composición de las aguas, e incluso correr a distintas velocidades, hasta que finalmente se juntan.

Después de contemplar y fotografiar intensamente tan desconocido por mí hasta ahora, accidente geográfico, o más bien suceso geográfico, el viaje por el gran rio continúa. Y el paisaje, lejos de resultar monótono, es casi siempre cambiante, pudiendo ahora ir observando como cerca de las ciudades hay zonas agrícolamente explotados e incluso verdes zonas de pasto donde caballos, y reses con grandes cuernos, pastan y se acercan a beber al rio.

Al cambiar el barco de orilla para recortar distancia, lo hace lo más rápido posible para evitar la fuerte corriente negativa que frena su travesía, y al otro lado en grandes islas que va formando el rio, se ven muchas zonas inundadas durante las crecidas de este.

Intercambio de vistas al rio, desde la muy calurosa y soleada pequeña cubierta superior, o desde mi hamaca colgante con vistas al paisaje, desde cubierta central. Algún paseo a la inferior, donde los tomates, siguen todos viajando bien, gracias.

Nuevamente merienda cena con sopa caliente y café de abordo. Preciosa puesta de sol, con enladrillado cielo, y tiempo hasta la noche que llega lenta, como el discurrir de este viaje por el rio que acumula días de navegación con el tiempo parece, que casi detenido.

Adelantamos dos barcos que nos precedían, y vamos llegando a la ciudad de Obidos en la que recalamos ya con la luz del día ya terminada.

 
 
Rápida carga y descarga de pasaje y continuación de viaje, con medio barco subiendo a la cubierta superior para un acontecimiento casi tan importante en este país como el futbol: la telenovela de la noche. Increíble, que los barcos lleven una gran pantalla de televisión colgada del puente para generalmente encenderla solo para esa telenovela. Y la ven ellas, pero también la ven ellos, lo que no sé es si como dice la canción de Bosé, “los chicos también lloran…”
Que atardeceres en el río!
 


27 de enero de 2014

Amazonia 4 – AMAZONAS – SANTARÉM (COMUNIDADES INDÍGENAS)

DÍA  9 AMAZONAS (ISLA DE MARAJÓ)

Esta noche, y hasta coger confianza con los vecinos, duermo con mi mochila atada a un pie, por si tuviera la mala suerte de topar con amigo de lo ajeno en la nocturna noche amazónica, pero parece que el agua está bastante en calma, y la gente suele ser buena gente, aunque uno aprenda a desconfiar de primeras.

Después de dos días sin dormir reconozco que se me pegaron un poco las sabanas, mejor dicho la toalla con la que me tapo, en esta mi hamaca en noche que de húmeda se hizo fría. También tuve que levantarme a poner unos calcetines por que los piesucos recelaban de tanto presumible nocturno calor.

Todo el barco ya estaba despierto, y desde desayunando viandas en tupper, hasta aseándose en los fregaderos que tenemos con original jabón colgante en cubierta, la vida a bordo fluía por doquier. Mis vecinos, siempre con la sonrisa en la boca, me animan a salir de mi rede para acompañarles a disfrutar de la vida como nadie mejor que los brasileños saben.

Mi teoría en estas tierras cobra más fuerza que nunca. No hace falta mucho dinero para ser feliz, para ser muy feliz, porque con bien poco te puedes arreglar y encima pasarlo diez como pude comprobar poco después en esta enorme barcaza. Y es que está claro que gastando poco se puede disfrutar mucho, como ves que hacen las gentes de muchos lados que no tienen nuestros ingresos pero también pasan sin muchísimos de nuestros gastos. Solo hay que proponérselo a diario. A ellos les debe ser innato.

Y es que a media mañana, la música ya sonaba con fuerza, con mucha fuerza, ¿me oís bien o grito más? El futbol será “O reí do Brasil”, pero la música fijo que es la reina indiscutible. La gente bailando, las duchas de cubierta abiertas a tope rociando de agua a los chavales que en bañador se refrescan en día nuevamente de intenso sol y calor, y los más reposados disfrutando del disfrute de los demás. Esto es Brasil.

Me aseo un poco, me tomo una cervecina porque aquí un café y con este ambientazo ya ni pega, y poniéndome a escribir un poco entre tanto jaleo, pienso como me gustaría que estuvieran todos ustedes aquí conmigo para al menos saborear un poco esta forma de vida de viajeros brasileños y amazónicos. Espero al menos saber transmitirlo fielmente.

El paisaje, por supuesto que responde a las expectativas que uno trae por la gran vegetación que acompaña constantemente el recorrido del barco por uno de los muchos cauces del rio que van bordeando la también grandísima Ilha de Marajó, que es la mayor isla fluvial del mundo. Solo para que se pueda uno hacer una idea de tan magno tamaño, decir que en el mundo hay casi 70 países que son más pequeños que ella. Imaginaros sus dimensiones, pensando que tiene el tamaño de toda Suiza.

Según vamos remontando el río, muchísimos pequeños cayucos de habitantes de los pequeños poblados cercanos a la orilla, lo cruzan constantemente, y algunos se abarloan al barco cuando disminuye la velocidad para subir a bordo a vender productos entre los que los camaroes hacen las delicias del pasaje. Darse el gusto de estar comiendo nuestras quisquillas al precio de nuestras aceitunas es algo que no desaproveche.

A parte de las pequeñas embarcaciones de madera, otras grandes plataformas empujadas rio abajo por remolcadores, trasladan por el Amazones grandes contenedores, camiones y grandes paquetes. A veces la plataforma llega a ser veinte veces mayor que el pequeño remolcador, pero la fuerte corriente hace el resto.

Calor, mucho calor, ya no sé que más quitar, porque uno esta sudoroso constantemente. Pero lo impresionante del paisaje, lo acogedor del lugar, hace que la enorme humedad no importe tanto.

Ver la vida cotidiana de las poblaciones indígenas, bañándose, lavando la ropa o preparando las artes de pesca, es el hobby principal durante todo el día que transcurre lento por las muchas horas de luz de este día de verano austral. Y es que llegando a Belem ya crucé la línea del Ecuador que pasa por la ciudad capital de la provincia brasileña de Amapá, la pequeña Macapá. Así que oficialmente y aunque sea solo por unos pocos grados latitud sur estoy en verano.

Invito a mi brasileño vecino que disimuladamente se me ofrece a esa luego mi invitación, de cervecina Skol, pero lo que disfrutó con ella mereció la pena. A bordo dos cerveciñas, la citada Skol y la más conocida Bramha, precio el mismo, sabor el mismo también. Solo se debe de escoger por el color de la lata, si te gusta más el amarillo: Skol. Si te gusta más el rojo: Bramha. Así de sencillo.

Me topo con Fernando y Celila que están dando la vuelta a Sudamérica en moto y ayer la embarcaron compartiendo viaje conmigo hasta Santarém. Aprendiendo a vivir la vida, una vez criados y mayores los hijos, pertenecen a un club motero y ya llevan unos meses de viaje donde han llegado hasta Ushuaia por la zona Pacifica y retornan hacia Colombia por tierras brasileñas.

Al poco se me unen también a mi antes solitaria mesa, y ahora ya con cinco parlanchines hispanoparlantes, dos catalanes, Isabel y Amadeu, que también viajan en una pequeña moto alquilada, pero en este caso por Brasil, Perú y Bolivia. Tarde de relatos de aventuras viajeras.

Al poco tiempo  el barco vira a babor entrando en la zona ya anchísima del anchísimo, pero que muy ancho, principal Amazonas. Las orillas ahora ya están a kilómetros una de la otra, y no como hasta ahora que podías ir viendo detalles de ambas. Lo bueno de remontar el rio es que el barco para contrarrestar un poco la fuerte corriente casi siempre navega pegado a una de ellas para avanzar más, ya que no tienen excesivo calado al no tener que navegar por el mar. La vegetación sigue siendo igual, no excesivamente alta, aunque me imagino que más cerca de Santarém y luego Manaos sea mayor.

No apetece mucho comer con el calor y aprovecho a hacer una sola comida principal al día, que en el día de hoy será la cena a base de una preparada sopa de noodles con pollo.

La noche cae sobre el rio y la música sigue a tope, aquí para oír la fauna amazónica hay que esperar a bien entrada la noche, cuando en la paz de la hamaca uno recuerda otro maravilloso día de la vida a juntar con otros cuantos, se congratula con la buscada suerte, y da gracias por no haber tenida la otra suerte, la que te busca a ti, la tan temida mala suerte. Y para espantarla, es cuando se centra en imaginar alguno de los sonidos de la selva amazónica que mira inmaculada a los pasajeros del barco a su paso.

Entrada bien la noche el barco hace parada en pequeña población para coger y dejar pasajeros fluviales.

 

DÍA  10 AMAZONAS (A PRAINHA Y MONTE ALEGRE)

Hoy comienzo explicando el nombre del rio a quienes no lo sepáis, y es que el nombre proviene de la percepción que tuvo el gran explorador del mismo, Orellana, que viendo a los indios de las tribus del rio con su pelo muy largo y pensando que eran mujeres, lo llamo pensando en ellas como fieras guerreras mitológicas, Amazonas.

No responderá a la realidad, pero si es verdad que el nombre para mí es guapísimo, evocador y muy contundente como creo es este rio, que ha sido elegido en la votación que se celebró para elegir las nuevas maravillas naturales del mundo como una de ellas. Se hizo justicia plenamente.

Mi ya casi inseparable vecino de hamaca desde que le pagué una cerveciña, Cruzivaldo, me despierta enseñándome su camiseta del día, que es de su equipo preferido. Yo meto la pata preguntándole si es del Flamingo, mirando con cara de decepción al ser la de su queridísimo Santos. En fin, uno que no está muy puesto en los colores de los equipos brasileños. Y ya que me sonaban los nombres, que si no me deporta para España.

Al haber parado el barco, algún coleóptero pasa en vuelo rasante por encima de mi cabeza, una vez que está a gusto a bordo con tanta exquisita compañía. Los niños juguetean en sus redes, las niñas se peinan y arreglan para empezar el día, junto a sus mamas, y el sol da tregua matinal.

El día sigue con mucho movimiento de acoplamiento de los nuevos pasajeros que subieron durante la noche, y están acabando de colocar sus cosas e instalar hamacas. Aprovecho para afeitarme después de 10 días de viaje en los fregaderos que hay en esta cubierta de hamacas. Lo de hacer pipí sin tener que contener la respiración es una cosa que no entro en detalle a explicaros, es lo que tiene viajar en la última de las clases posibles.

Lo que si está bien es que en la cubierta inferior hay dos grandes bidones plásticos con café y leche gratis para todo el pasaje, que aprovecho a tomar con unas galletas que todavía tengo guardadas de queridísimo picnic que me hicieron antes de partir.

Otra cosa que no necesito comprar es el agua, ya que en la cubierta principal hay unos enfriadores que mantienen bastante fresca la espero depurada agua de las bodegas del barco, y que está siempre disponible para la sed del pasaje.

Una vez ya desayunado jugueteo con los muchos niños pequeños que andan por la cubierta, siempre con el incondicional permiso de sus mamás y papás, que siempre te corresponden con una sonrisa y les encanta les saques fotos a los retoños de todos tipos. Papá negrito con mamina india, mamina india con papiño blanco portugués, etc, y así esta tierra hoy, no sabe ya casi de razas y colores. Máxima y fenomenal mezcolanza multicultural y multirracial. Que más dará las formas y colores, si la gente se encuentra a gusto con otra persona. Viva Brasil!

Recordarme si no os cuento en estos días curiosidades de una de las tribus más utópicas de esta amazonia, y que sería el ejemplo para toda la humanidad, en cuanto a pensamiento, costumbre y forma de vida.


Al mediodía otro puerto fluvial donde dejar y recoger pasaje, es A Prainha. No estamos más de 15 minutos, en razón a la importancia de esta pequeña población. Las paradas más largas vendrán al final del día.

Día que aprovecho para devorar publicación del Amazonas que me traje para el viaje y de las que os cuento alguna cosilla de este insuperable rio en todos los sentidos. Sabíais que:

-          Cuando el rio desemboca en el Atlántico forma una mancha en este que es 14 veces mayor que toda la Península Ibérica.

-          A casi tres mil kilómetros tierra adentro, su curso solo tiene un desnivel de entre 100 y 200m, teniendo anchos kilométricos.

-          Alberga la mayor riqueza y densidad de especies animales y vegetales de la tierra, algunas que todavía ni se conocen.

-          Tiene más de 1000 afluentes que se pueden considerar como grandes ríos, con sus respectivos también miles de afluentes

-          Arroja al Atlántico más de 200.000 m3 de agua….por segundo. Eso es cinco veces más que el africano rio Congo, el segundo más caudaloso del mundo. Nuestro queridísimo Ebro no supera en su delta los 500m3, insignificante comparado con este.

-          Cuando hay crecidas anega kilómetros de tierra creando varzeas, especie de lagunas que permanecen tierra adentro todo el año, dándose en ellas hojas flotantes que pueden sustentar varios kilos de peso.

-          Grandes barcos pueden navegar por más de 14.000 kms y pequeños por más de 40.000 kms de vías fluviales.

-          Y por supuesto que aparte de ser el mayor y más caudaloso rio del mundo, desde hace unos pocos años descubriéndose sus fuentes cerca de Arequipa en Perú, es también el más largo, superando en unos metros los casi 7000 del Nilo, al cual tuve la suerte de llegar a ver sus fuentes en pasado viaje a Uganda.

-          Y que contiene casi el 20% del agua dulce del planeta o que en sus aguas hay delfines adaptados al agua dulce hace millones de años, y encima son de color rosa….es “el no va más en ríos”.

¿Qué os diga que veo en este preciso momento de directo relato?

Pues os lo traslado fielmente. En este momento estoy sentado con mi notebook mirando a popa del barco, navegamos con la vegetación pegada a estribor, y el rio se extiende a popa y a babor tantos kilómetros que no atisbo a ver la otra orilla, en una postal panorámica de agua marrón color café con leche. Bueno y con algo tan idílico también acaba de llegar Cruzivaldo a decirme en ya comprensible portugués que si le dejo un real para completar los cuatro que le cuesta su nueva cerveciña. Como desde la primera invitación le corté el grifo ahora me pide pequeños anticipos a cuenta, jejé, es mundial, y encima piensa que Albertinho es el Banco Do Brazil.

-          ¡Se acabó Cruzivaldo, ahora a por café do Brazil de la cubierta de abajo, que es gratis majo!

Tras este inciso sigo describiéndoos estos momentos en el barco. La música suena alta, muy alta, pero como es toda muy melódica no molesta nada, y la gente sentada mirando al exterior de la cubierta toma una cerveza, juega con los niños o intenta ganar una partida de cartas. Hace calor, mucho calor, y sobran las camisetas y hasta la piel si se pudiera quitar.

La motonave disminuye su velocidad, eso indica que tenemos pronta parada para dejar pasaje y carga, así como también para subirlo a bordo. La parada de la tarde es la pequeña localidad de Monte Alegre, donde aprovecho para desembarcar durante la poco más de media hora que estaremos en ella atracados, y así pasar algún correo con wifi que encuentro en almacén de piensos cercano y donde me facilitan gentilmente la clave. Uno siempre se acaba arreglando, pero que bueno sería que venciendo el negocio de las telefónicas, se pudiera impulsar el wifi global, y uno pudiera estar conectado en todas partes sin falta de restrictivas claves de acceso.

Se hace de noche y antes de zarpar el barco aprovecho para tomarme un cafetillo brasileño de cortesía a bordo, con mis amigos de también país muy cafetero como es Colombia.

Ellos continuaran viaje hasta cerca de Manaos donde desembarcaran y proseguirán viaje en moto hacia Venezuela. Yo sin embargo me posaré de madrugada para ver otra protagonista de esta cuenca amazónica, que no es otra que su gigantesca selva.

Tomamos unas fotos juntos, y comprando mi nocturna sopa de noodles, me despido de ellos para intentar dormir alguna hora extra antes de mi desembarco a las cuatro de la mañana en Santarém. Dije intentar, porque entre la muchedumbre que subió en Monte Alegre y colocó sus hamacas por todas partes, incluso encima de la mía, y el calor sofocante de esa sin nada de brisa noche, fue casi imposible hasta bien entrada la noche nocturna noche.

A uno le apetece en alguna ocasión tirarse al rio por proa y subirse con el paso del barco por popa, para refrescar un poco, pero por no asustar a los caimanes lo dejo para otro día.

 

DÍA  11 SANTARÉM-COMUNIDAD INDÍGENA DE MAGUARÍ

Suena despertador, pero el barco lleva algo de retraso y aun vamos en marcha, el barco todavía no ha llegado a Santarém, y tengo media hora más para dormitar a estas horas con un poco más de frescor, o mejor diremos con un poco menos de calor.

A eso de las cuatro y media llegamos a Santarém, y echando un poco de agua a la cara, descolgando mi fijo nuevamente necesaria hamaca y cargando con el petate, desembarco en la noche en oscuro puerto. Me entero de a cuanto está el centro de la ciudad para ir andando, pero enseguida locales me dicen está a casi 4 kilómetros y a esas horas mejor no ir andando. Cogida la indirecta, tomo un moto taxi que por 4 reales me llevará un poco más seguro. Insertándome estrecho casco, pero es el que hay asignado al pasajero, sea del tamaño que sea la cabeza del pasajero, me lo inserto como puedo, y allá que vamos, por oscuras carreteras hasta que la noche se hace aún más oscura, por la gran tromba de agua que se nos viene encima y que hace que el motorista taxista se pare debajo de un entoldado que no da a mas a evacuar agua.

Esperando sea una tormenta breve, esperamos un cuarto de hora…media hora…una hora, y esto no para. Creo que se va a batir el record del arca del buen Noé, así que allá que vamos nuevamente quedando casi como pitinos.

Y además pienso, ¿y ahora donde me meto, que hago hasta que tome un mañanero autobús a algún lugar en la selva?

Bueno, le digo que me lleve a un hotel, pero no para dormir, solo para desayunar. Y dejándome con mi lustroso y húmedo aspecto a la puerta, pico. Y un dormitado recepcionista me abre pero me dice que el desayuno nada de nada hasta las siete. Al menos el buen hombre me deja entrar, y espero a techo hasta la hora de devorar desayuno de huevos, salchichas y frutas, muchas frutas. Que bien pagué los 10 reales que me pidieron por saciar hambre mañanera…y es que después de ducharse ya se sabe, que entra el hambre, y menuda ducha amazónica!

Una vez acabado el diluvio mítico de Santarém voy a cambiar algo de dinero en la única casa de cambio que me indican hay en el centro, y aprovecho para enterarme como llegar hasta una comunidad indígena que había leído acoge huéspedes y enseña la selva al visitante.

El destartalado bus dirección a Jamaraquá sale a las 11 desde la zona alta de la ciudad a la que llego con mochila y una gran sudada, que se une a la mojadura anterior, por empinadas calles de Santarém. Me instalo en el bus y compro agua, porque me parecía poca la que llevaba encima. Cuando digo encima, era encima.

Como me acuerdo de mi padre en su época de conductor de rudimentarios autobuses, donde hacer el doble embrague no era algo recomendable, sino estrictamente necesario. Y es que hasta que uno alcanzaba en este bus los 50km/h, ya había que ir reduciendo para tomar más pasajeros en la carretera que iba pareja al Tapajós, nuevo cauce de rio amazónico, cerca del cual se encuentran los enclaves indígenas a los que me dirijo para conocer sus vidas y su gran selva.

Por el camino parada en tienda almacén de carretera, donde todos los pasajeros se apean a comprar productos que en sus poblaciones no habrá, al carecer de tiendas. Yo “haciendo lo que vieras”, también aprovecho y compro mi manjar preferido, el pan, y un refresco omnipresente en estas tierras de rico guaraná. En el bus aparte de portugués los viajeros de rasgos claramente indígenas, hablan lenguas locales, imposibles de entender por este foráneo que escucha atento pero sin posibilidad alguna de aprender algo.

La carretera esta asfaltada con la selva bien deforestada para poder mantenerla despejada, hasta una localidad municipio de nombre  Belterra, donde un conocidísimo constructor de coches americano, diseñó esta ciudad como lugar donde habitaran los trabajadores que recogieran el caucho para los neumáticos de una marca llamada: FORD.

El sueño de Henry Ford no duró mucho por la competencia asiática en el mercado del caucho, y la ciudad quedó para siempre como un tranquilo lugar a orillas del rio Tapajós.

Por pista ya de tierra, y ligeramente inundada después de tanta lluvia, seguimos hasta llegar a la entrada de la reserva, luego de unas 3 horas de viaje. Se pagan 13 reales por visitante huésped, para acceder a alojarse con estas comunidades y así poder seguir con el proyecto adelante de ecosistema sostenible.

Me quedo en el primer poblado, de nombre Maguarí, que cuenta con unas cuarenta familias indígenas, y en casa de una de ellas pasaré dos noches de este viaje para convivir y saber vivir bien con un medio no tan hostil como pudiera parecer desde fuera del mismo.

El patriarca de la familia indígena me recibe, se llama Joaoquín, después sabré que nació el mismo año que mi queridísima madre, y hasta se conserva tan bien como ella. También decir que mucho más tostado que ella, por numerosos días de amazónico sol, y no por habituales nubosos días asturianos.

Su mujer María tiene con él numerosos “filhos”, que a su vez les han dado numerosísimos nietos. Solo una de sus hijas ha tenido catorce, así que podéis imaginaros si se juntan en el día de la madre.

Una pequeña casa principal, y dos cobertizos de techumbre de paja anexos son sus posesiones, y en uno de ellos yo colgaré mi hamaca para dormir estas noches. Después del palizón de mañana viajera, lo que más deseo es darme una ducha y aunque en el exterior, y aunque con paredes de palmera, y aun con rudimentaria cebolleta…que fresca agua me refresca sudoroso sudor sudoriento.

A continuación cafetillo brasileño, registro en libro con todas las nacionalidades viajeras que han pasado en estos meses por aquí, y programada incursión en la selva al día siguiente. Ahora un poco de descanso y en la tarde, pequeña fiesta en el poblado a cargo de los más jóvenes que improvisan un altavoz con algo de música que sirve de entretenimiento en la noche.

Disfruto conociendo a todas las generaciones familiares del clan, entre las que se encuentra una jovencísima indígena de meses de edad, y que se aferra con fuerza a mi brazo, en para ella al parecer confortable cuello español.

La música la llevan dentro todos los brasileños, sean de la preciosa región de Bahía, del afamado Rio de Janeiro  o de esta selva amazónica, y eso se nota en los ritmos de las canciones que hacían vibrar hasta a la pequeñaja.

Después cena a base de pescado, arroz y tomate, que fenomenalmente cocinada me supo a manjar cotidiano y casero como nuestros asturianos platos. Junto a mí, como una que dejé también es asturiana casa, una gata que parece también encontrarse a gusto al lado de este español. Le habrán dicho por email que a este español le gustan todos los animales, como  a su también española chica del otro lado de este gran oceánico charco.

Así que me voy encantado, de convivir y saber vivir entre geniales gentes, que ofreciéndote sencillas cosas, te hacen sentirte sencillamente afortunado.

Boas noites amazónicos lectores!

25 de enero de 2014

Amazonia 3 – DE SURINAM AL DELTA DEL AMAZONAS

DÍA 7 PARAMARIBO – NIEUW AMSTERDAM –BELEM (BRASIL)

125, ese el número  que este muy acogedor Surinam, ocupará en mi lista de países y territorios visitados hasta el momento. Solo me apena una cosa en esta celebración de muchos países visitados, y es que mi disco duro interno, que hasta ahora recordaba y memorizaba cada uno de ellos se está llenando y comenzando a funcionar más lento de lo normal hasta ahora.

He intentado resetearme un poco, pero deben ser cosas del paso del tiempo, porque necesito imperiosamente apuntar y escribir, lo que antes se almacenaba sin esfuerzo alguno. Lo positivo es la obligación que ahora tengo de escribir este blog de viaje para disfrute posterior de mis recuerdos, y espero también para trasladaros a todos estos lugares a muchos de vosotros que quizás no os acerquéis algún día a verlos.

Aprovecho mi último día en el país, para ir a conocer cercana población a la capital y de nombre típicamente holandés, como colonia que este territorio fue de los Países Bajos. Al otro lado del rio Surinam y en la confluencia con el rio Commewijne, se encuentra Nieuw Ámsterdam, enclave estratégico por su posición de vigilancia a los dos grandes ríos que desembocan en este caribe surinamés.

Y mencionando Holanda y Ámsterdam, no quedaba otra que utilizar el más conocido medio de transporte de esas tierras. Hay que viajar siempre en todo lo que tengas posibilidad, y yo hoy tenía muy a mano alquilar una grandísima y muy clásica bicicleta para conocer tan holandés nombre de ciudad.

Con esa gran tradición ciclista holandesa, no es de extrañar que una vez me dirija en tan  genial y barato medio de transporte, hacia el medio del tráfico de Paramaribo, me dé cuenta del especial cuidado de coches, autobuses y camiones tienen al adelantarme. En ningún momento sientes la amenaza de que te lleven por delante, porque aquí al igual que en la madre patria de los Neederlands, la bici es muy respetada por los demás vehículos.

Por carretera bien asfaltada y siguiendo el curso del rio Surinam, recorro varios kilómetros de las afueras de Paramaribo donde se suceden las guapas casas de gente más adinerada, así como un gran número de embajadas y delegaciones diplomáticas, como siempre bien custodiadas. Destaca entre ellas la de China, en un enorme edificio y con visible y muy roja bandera.

No es de extrañar que aquí como en muchos otros lugares, sean de las más importantes por la gran cantidad de chinos que viven, trabajan y comercian por medio mundo. Restaurantes, comercios, supermercados, en definitiva que con su espíritu siempre emprendedor y sobre todo muy trabajador, hace que hayan ido poco a poco comiendo el terreno al resto de gente. Aunque a muchos les causen recelo, yo soy de la opinión que si queremos aplicar el dicho de que “la tierra para quien la trabaja”, no veo mejor ejemplo que el de ellos. Muchas veces deberíamos aprender más del extranjero y criticarle menos, quizá siempre se ha tenido que buscar la vida dentro y fuera de sus fronteras.

Al cabo de una hora de etapa del “Tour de Surinam” arribo a embarcadero desde donde nada pequeñas piraguas cruzan a viandantes, biciclistas y hasta motoristas al otro lado del rio donde se encuentra el enclave de Nieuw Ámsterdam. Hay que saber siempre que si te subes a ella y arranca contigo solo el precio se dispara, en este caso casi hasta los 40 dólares de Surinam, unos 8 euros, pero si tienes paciencia y esperas a que llegue más gente, el precio se hace casi insignificante, como fue el caso al llegar dos súbditos jubilados del reino holandés con sus bicis y locales que van a trabajar. Al final menos de un euro por travesía de marrón rio con fuertísima corriente.

Una vez en la otra orilla, me encamino, mejor dicho me embiciclo, como me gusta inventar nuevo vocabulario, hacia la punta donde se juntan los dos ríos, y lugar de ubicación del antiguo fuerte de Nieuw Ámsterdam, del que ahora queda bien poco construido de su estrellada forma.


Antes de llegar una extraña mezquita en medio de la carretera y de color verde celador parece desentonar en casi caribeño enclave, pero….cosas de las fés.
 
Torretas para avistamiento de aves y deguste del paisaje, museo de la época con carruajes, elementos de defensa, y muchos perrinos pasando el día, como todos los días.



Me tomo un fresco agua, al haberme bebido ya todo el que llevaba conmigo, y es el que el día sobrepasa los treinta grados de achicharrador sol, que hace que a la vuelta en la holandesa bicicleta durante otra hora para recoger mis cosas en el Hostel Zus & Zo, me acabe de quemar los antebrazos.
 
Los escolares surinameses salen del cole con sus camisas a cuadros verdes y blancos cual mantelería de domingo en mesa de comedor antiguo.


Llegada a la ciudad, intentando no olvidarme que aquí se conduce por la izquierda, y es aplicable a las bicicletas, por lo que si miras para hacer cruce a tu lado natural, te cepilla un autobús por el lado…mortal. Dejo el ciclo en el backpacker, me doy una ducha repara quemaduras con agua lo más fría posible que aquí son 30º, y me despido del personal en la preciosa recepción y tienda de artesanía de toda la cultura cimarrona y amerindia, verdaderos dueños de estas tierras guayanesas.

Caminando y acabando de retostar mis brazos me acerco hasta la estación de minibuses colectivos para preguntar cómo llegar al aeropuerto de Parbo, que está muy lejos de la ciudad. Un taxi o transfer cuesta unos 15€, mientras que como sucede casi siempre, si no te precipitas y tienes paciencia acabas encontrando un transporte alternativo aunque no sea fácil, ni cómodo. Eureka, cuando se llene un colectivo irá hasta la población cercana al airport, y el precio ni os lo imagináis, 2,15$ de Surinam que haber si ya sabéis cuanto es en euros?....tic,tac,tic,tac….tiempo. Son unos insulsos aproximadamente 40cts de euro. Eso sí, como me suele pasar muchas veces, único blanco entre tantísimo moreno, del que destaca el grandísimo conductor negro con su llamativa camisa pasiega.

El transporte como siempre a tope, a tope, y son casi 2horas de trayecto atravesando esta extensísima ciudad por sus barrios periféricos hasta unas colonias a las que el bus se desvía a dejar y coger gente. Bueno, no tengo prisa, mi vuelo es barato, poco más que el trayecto de casi 3 días por carretera con sus dos noches de alojamiento en la cara francesa Guayana, pero sale a una rara hora. Habéis tomado un vuelo a las 3.15h?, no es muy habitual eh?, la verdad que si tomé otro par de ellos a esa hora en Doha (Qatar) para viajar a Sri Lanka y otra vez a Nepal, y es todo un espectáculo ver el ambientazo que hay a esas horas en estos sitios.

Como me esperaba el internacional aeropuerto de Paramaribo, era muy de andar por casa, estando el hall de la terminal de salidas situado en el exterior y siendo las tiendas y bares sencillos establecimientos indios y chinos.

Con tantísimos mosquitos buscando las luces de la casi discoteca de la exterior terminal, entrar era primordial, pero no empiezan a facturar hasta la una de la mañana una vez se vaya el vuelo de KLM a Ámsterdam, patria mamá del  Surinam.

Pero si sabes presionar un poco, hacerte el tullido y llorando un poco, me dejaron pasar a una zona de sillas de asistencia, donde pude descansar un poco con impagable aire acondicionado.

Me observo un poco y hago parte de daños al salir de las Guayanas, y tras una semana de viaje: algunas picaduras en piernas, dos pequeñas mordeduras en pies y brazos para servir con patatas, y eso que soy moreno y aguanto el sol, pero cuestión de tiempo y nuestro cuerpo asimila todo.

Viendo antes de subir al avión a un rapaz morenu , mallorquín y que juega muy bien al tenis en el torneo de Melbourne, avisan para subir al vuelo de Surinam Airways destino Belem.

 

DÍA  8  BELEM DO PARÁ (BRASIL)

Ya comenzado mi día que no tuvo noche, y siempre digo que me parece increíble la de veces que no he dormido viajando, y que enlazo día y noche y nuevo día  sin aparente cansancio ni malestar. Otras veces en casa duermes 10 horas y te cuesta levantarte. Serán cosas de los ciclos vitales. El caso es que en la oscura noche, el vuelo se va terminando y comienza a verse amanecer, y justo en ese momento que comienza la luz y se atisba el paisaje aparece en medio de un halo mágico mi nuevo amigo de viaje y el gran protagonista de él: el Amazonas.

Si el rio termina en una larga melena, yo estoy viendo solo unos pocos cabellos de él, pero son justo los que acaricia la ciudad de Belem, en el delta sur del gran río, y capital del gran estado brasileño de Pará.

Las luces de la ciudad, las aguas del río y el cielo avioletado hacen que esa imagen se quede en mi cabeza, y creo que para siempre, es más, creo que si algún día el odioso mal de Alzhéimer me tocara, sería incapaz de borrar algo tan bonito, tan intenso, tan fuerte. Inmortalizada fotografía para dedicaros a todos y alguna que otra sorpresa que hará que vosotr@s también podáis vivir lo por mí vivido en esos pocos minutos.

No solo hubo emoción al aterrizar en la terminal cercana al delta del Amazonas, también hubo momento para risa y asombro, ya que hubo muchas veces en que he visto, que una vez el avión en tierra camino de la terminal, algunos pasajeros se quitaban el cinturón o se levantaban a coger su equipaje de mano. Pero nunca había visto como aquí que un segundo después de golpear el tren de aterrizaje en la pista, mis compañeros de fila se quitaron el cinturón como en un acto de valentía extrema, y todavía desacelerando en la pista medio avión ya estaba de pie en el pasillo, volviéndose locas las azafatas a llamar al orden, y pegando bruscos frenazos el piloto para asustar a los apresurada pasaje, que hizo que alguno cayera al suelo…, vamos, de película de los hermanos Marx.

Una vez en tierra brasileña, toca buscar forma económica de llegar al centro de esta muy gran ciudad, aunque por estar situada donde está, no lo pareciese.

Encantadores y serviciales brasileños en el aeropuerto, me indican como dirigirme a cercana plaza del aeropuerto para allí tomar la línea de bus urbano Pratinha-Presidente Vargas, que me dejará en el centro. Tarda tiempo en pasar alguno que paré porque a esas tempranas horas van todos abarrotadísimos de gente que va hacia el centro a trabajar. Al final uno me recoge y brasileños también de visita a la ciudad me hacen el favor de cambiarme un americano dólar en Reales Brasileños para poder pagar el autobús. Esta vez acordaros del cambio: 1 dólar = 2,30 reales, 1€ = 3,1 reales. A partir de aquí os digo precios en reales, así que no quiero despistes, como se dice aquí: “menús samba e mais trabalhar”, queridísimos lectores.

El bus me deja en la céntrica estación rodoviaria, y aprovecho para enterarme de las salidas de los barcos que remontan el rio hacia Santarém y Manaos, así como los días que parten. Interesados vendedores se acercan a ofrecerme uno de los barcos que partirá a última hora del día. El precio es bueno, para varios días de navegación pero decido mirar más en la estación Hidroviaria, de donde salen los barcos por el rio. También en el cercano mercado me voy poniendo al día de una compra que debo realizar y que es como un vale descuento para viajar por estas tierras, se llama rede, sabéis lo que es?

Intento cambiar dinero, y me llevo la sorpresa que nadie cambia, en el mercado, nadie cambia, en un hotel cercano, y nadie cambia en el gran banco de la plaza. Entonces? El fuertemente guarda armado y con chaleco antibalas del banco me indica que solo puedo cambiar en las Docas, que luego me enteraría son unos antiguos muelles portuarios, hoy reconstruidos en centro comercial al lado del Amazonas.

Así que vuelvo al hotel a llorar que al menos me cambien un dólar, que siempre llevo algunos de viaje, por si hay que salir de un apuro y salir del apuro por un 35% más económico que con un euro, que además en general no aceptarían en ningún sitio por ser moneda en vez de billete, e imposible posteriormente de cambiar.

Las recepcionistas, después de dudar un poco, y quizá recelosas que el español de la misma España de Iniesta, les robé su Mundial de Fútbol Brasil 2014….es broma. Me cambian el dólar y ya tengo para el nuevo billete de Ómnibus como llaman aquí al bus urbano, y puedo irme hacia el final de la avenida Pres. Vargas donde está el puerto. Allí me indican donde está Das Docas para cambiar, y compruebo que acerté al no comprar el billete, ya que aquí es todavía más económico: 3dias de navegación hasta Santarém = 150 reales, rede aparte que son 20 reales. YA sabéis lo que es la rede, pues sí, es una hamaca, que luego podrás colgar en la cubierta del barco y no tener que pagar los 600 reales que cuesta una cabina.

Caminando desde allí me voy a visitar la ciudad, comenzando por los antiguos Dockers portuarios hoy acertadamente aprovechados para museo , restaurantes, heladerías y terrazas, y donde tengo oportunidad de cambiar dinero para el pasaje por el rio, la rede y la comida recorriendo la ciudad.

Caminando por la calle salpicada de árboles que son como oasis de sombra en la quemando acera, veo un cuerpo de una mujer tendido boca abajo en el suelo sin moverse. Aquí pensaríamos en un asesinato, una lipotimia o una muerte por infarto, pero en Brasil, y la forma de vivir la vida de muchos brasileños compruebo que es una chica, también asada de calor que no vio mejor manera de combatirlo en medio de la calle, a la sombra de un árbol cualquiera. Paso por encima pisándola y ….es broma, paso al lado esquivándola y sigo mi penitente camino, pensando que, que bien me tiraba allí también a descansar de tanta mochila y calor.

Al poco la calle desemboca en una pequeña plaza, donde ya puedo mirar a mi amigo de tú a tú, a su misma altura y no desde las alturas. Que grande, que de agua, me imagino a Alfredo Landa o a Paco Martínez Soria mirándolo como yo, y asombrándose de tanta majestuosidad fluvial. Me cito con él para que en los próximos días nos conozcamos mejor y hasta podamos compartir momentos de nuestras vidas. No en vano los ríos son las vidas que con el tiempo van a dar al mar. Ojalá mi vida, la de mis queridos y la de todos vosotros sea tan larga como este rio, y llegue al mar llena de tantísima y satisfactoria agua.

Con mis brazos ya superado su punto de cocción, por nuevo e intenso calor y sol do Brazil, me paro en la más famosa heladería de Belem. Se llama Cairu, y todos los sabores son frutas y plantas de la Amazonia, casi todas desconocidas por mí. Pero gentilmente, para elegir te dan a probar cucharadas de todos ellos, y de tanto probar y decirme nombres probando más y más cucharadas de madera, ya casi estaba lleno. Pido uno que me resultaba más fresco de una fruta que a los dos minutos ya no recordaba como el resto de las otras treinta o cuarenta variedades, y la verdad que por 3 reales casi comí, eso sí, solo el postre.

 
 
A continuación continúo a ver el sitio más famoso de Belem, y que me envolvió como hace años en anterior viaje a estas tierras, en el barrio de Pelourinho de Salvador de Bahía. Y es que cuando entras dentro del Mercado de Verso a Peso, una multitud de colorida gente, con brasileñas ropas, variadísimas frutas exquisitamente expuestas y sobre todo la zona de cocinas y mostradores para comer, hace que uno se sienta en el más estrecho contacto con las gentes de esta ciudad.
 
Es la hora de la comida y potadas de arroz, carnes, pescados y habichuelas son servidos en pequeñas raciones a los comensales que se sientan en las bancadas anexas a las barras de madera de las cocinas. Un espectáculo para los sentidos, que hace que uno como sin tener que comer.

No me pararía a ello, en ese momento pero si después antes de embarcarme tomaría mi cena en muy sencillos, nada sucios pero no aptos para escrupulosos viajeros, y muy, muy baratos restaurantes callejeros.

Anexo al Ver o Peso, nombre que viene de la época portuguesa, por ser el lugar donde se pesaban todos los productos que llegaban del rio, está el puerto ribereño con sus antiguas y destartaladas barcazas de pesca, que siguen haciendo la función de abastecer de fresquísimos pescados de agua dulce y salada, este mercado.

En un reluciente y restaurado amarillo edificio llamado la Casa Das Onza Janellas se encuentra un coquetísimo restaurante que luego leo es de los más típicos de Belem, es el guapo Boteco das Onze. Y en el exterior recién casados novios se hacen las fotos de boda con mi amigo el eterno rio, supongo su amor querrán sea como este rio, pero no sé yo, hace falta siempre muy paciente agua para hacerlo eterno.

Continuando visita el pequeño Forte do presidio, antiguo emplazamiento militar como hay muchos por estas tierras, y la plaza donde se encuentra el Museu de Arte Sacra, en un antigua universidad jesuita y la blanca catedral, que viendo su interior me hizo maravillar, porque al igual que os decía de la mezquita de Paramaribo, es digna de mención por sus paredes policromadas y su ambiente de encogimiento.
 

No soy nada religioso, pero respeto todas las religiones. Creo que se podían haber construido otras cosas más valiosas con los esfuerzos económicos y de trabajo, que costaron catedrales, sinagogas o mezquitas, pero como siempre digo una vez históricamente hechas, no queda otra que admirar algunas labores arquitectónicas y escultóricas verdaderamente preciosas. Si a eso añadimos que para mucha gente las religiones, son su motivación al esfuerzo de ser mejor persona, o en otros casos el consuelo para abordar hechos de su vida, bienvenidas sean. Pero lo que nunca haría sería colocar a una por encima de otra, o admitir que una en concreto es la fe verdadera, endemoniando al resto, ya que cada una de las principales observando sus ritos, son un calco de la anterior en el tiempo, con sus variaciones que buscan hacerlas únicas y verdaderas.

Aprovecho en la tarde a comer algo en la Praça de Brandao, donde destartalada casa de comidas, ofrece sus platos con viandas destartaladamente exquisitas. Y es que en tu plato ración te sirven un poco de arroz en su punto cocido, habichuelas con rica salsa y carne picada con huevo revuelto. Todo “6 reais”, algunos cafés de Oviedo son más caros.

De vuelta a la terminal hidroviaria, por las viejas calles de la Ciudad Velha, atestadas de comercios de ropa con precios de hace 30 años en Europa, y donde de vez en cuando me meto, no precisamente para mirar el género , sino para degustar unos instantes el deseado aire acondicionado brasileño, los anunciantes con micrófono de cada tienda intentan atraer a los clientes.

Ya de vuelta en la llena de gente estación portuaria toca esperar en calurosamente húmeda sala con casi mil personas que cogeremos el destartalado barco que partirá a remontar el omnipresente rio.

Todos se agolpan cerca de la puerta para nada más comenzar el embarque salir disparados a coger sitio para colgar su hamaca en cubierta, una cosa de la que yo no tengo demasiada experiencia en escoger lugar idóneo, así que solo sigo a mis predecesores y voy copiando al menos como colgarla de las barras que cuelgan de los techos de las cubiertas.

Si sé que cuando caen las grandes trombas de agua ecuatoriales, es fácil que entre el agua a bordo y se empape la cubierta, así que al menos escojo una zona con planchas de madera donde dejar mi mochila, esperando no acabe empapado o achicharrado por el sol. Lo que sí es sorprendente es que en cuestión de minutos, todo estaba lleno y yo tenía hamacas colgadas a derecha, izquierda, por delante y por detrás.

Un, como casi todos, sonriente y amable brasileiro, me comprueba que los nudos estuvieran bien anudados para que al menos nada más subirme no me fuera a probar la resistencia de la cubierta del barco, y tras unos cuantos quites le dice a este asturiano ya amigo que se suba sin miedo, vamos, que antes se hunde el Titanic 10 veces que mi hamaca hace aguas.

Y allá que voy, tomo impulso, salto y …caigo por el otro lado, nooooo, también broma. Me subo y compruebo que voy a dormir cómodo, porque aunque parezca mentira dormir en una hamaca colgante es muy cómodo como esa noche pude comprobar. Mas aun cuando el barco zarpa y la brisa marina, no, marina no, fluvial, fluvial si, te comienza a refrescar del ahora fuerte calor que desprende el clima y la humanidad que allí estamos embarcados.

Como diría Fellini, “La nave va”, y soltando amarras del puerto de Belem nos adentramos a remontar este Amazonas que al poco tiempo ya me estaba brindando, esta vez una maravillosa y rojiza puesta de sol. No veo mejor manera de despedir relato de hoy, mañana os cuento más cosas de este gran curso fluvial, su naturaleza y sus gentes.

Boas noites mis brasileiros amigos!