MATE

MATE
La vida en un mate: sorber despacio y saborearlo con intensidad, que el mate como la vida, cuesta tiempo prepararlo, pero sino se disfruta al beberlo, cuando se acaba es tarde.

19 de febrero de 2012

CUADERNO DE VIAJE ÁFRICA IX – LAGO TANGANICA EN EL “M V LIEMBA”

CUADERNO DE VIAJE ÁFRICA IX – LAGO TANGANICA EN EL “M V LIEMBA”



DÍA 35 DE VIAJE

11 FEBRERO MPULUNGU – M V LIEMBA

Hoy el comienzo del día me dice “Zambia de aires”, así que a primera hora de la mañana me voy con Salvatore hasta el pequeño puerto de Mpulungu para comprobar si ya había llegado el barco en la madrugada. Así era, y al entrar en el recinto portuario veo por primera vez a tan histórico barco. Para pasar tenemos que hacer trámites de inmigración, y pagando 7000 kwachas, poco más de un euro, la policía zambiana nos sella el pasaporte de salida y nos vamos a informar de pasaje en el Liemba y hora prevista de salida.

Al acercarnos al barco, grandísima actividad de gente saliendo y entrando y descarga de sacos, bultos y fruta. Accedemos saltando la borda entre la muchedumbre y preguntando conseguimos saber que en una cabina de la cubierta principal un oficial confirma pasaje. No estaba en ese momento y esperamos casi media hora a que llegara, viendo el ir y venir de tanta afanada gente.

Una vez llega la persona encargada de asignación de las cabinas, nos informa que entre segunda y primera clase solo hay una diferencia de 10$, y que nos aconseja cojamos una de esas cabinas dobles porque en la de segunda debemos estar en la parte baja del casco con muchísimo calor y cabinas de 6 personas. Nos asigna la cabina 9, pequeñita con dos literas y un lavabo, entramos justos pero se esta bien. El baño compartido, uno para hombres y otro para mujeres, está bastante des dejado y sucio pero como en la mayoría de los sitios del continente.

Una vez reservado el pasaje y hasta que se desembarque toda la carga del barco, nos vamos hasta el centro, para recoger Salvatore su mochila grande y para desayunar yo, cosa que luego no hago al haber solo pescado para desayunar, no apetece mucho a esas horas. Cosas de África, pas probleme.

Nos sentamos cerca de un enorme árbol de bambú, en el exterior del guesthouse donde habíamos pasado la noche, y donde aún no había regresado la corriente eléctrica. Salvatore me cuenta más sobre su infinidad de viajes realizados por África y América.

Haciendo tiempo hasta el mediodía, regreso con él a ver la zona de los pescadores locales, que vendían su pescado seco de todos los tamaños exponiéndolo en el suelo. Nos volvemos viendo las grandes empresas pesqueras y de exportación del lago en suelo Zambiano.

Ya de vuelta hacia el puerto, el barco aún no está del todo descargado, y aprovechamos para dejar las cosas en nuestra cabina y ver como se cargaba en camiones los sacos de harina y pescado que salían de las bodegas del barco. Mientras en el pequeño bar restaurante de la cubierta principal muchos locales aprovechan la llegada del carguero cada quince días para tomarse unas sodas y cervezas y romper la monotonía de la vida en el pequeño pueblo. Aprovechamos a cambiar algún dólar en los ya usados chelines tanzanos y que eran la moneda a usar, en el barco de bandera tanzana en los días de navegación por el Tanganica. Consigo buen cambio con un musulmán que quería dólares y tenia muchos chelines tanzanos por ser residente en Tanzania. En el barco policía tanzana nos requiere a que saquemos un visado en transito de tres días que pasaremos en costas y suelo tanzano.

Como no había desayunado me tomo unas samosas, especie de empanadillas triangulares y un poco picantes de carne, con cerveza tanzana Safari. Luego me acerco hasta la cubierta del puente de mando, y el capitán me deja visitarlo y charlar un poco con él y el timonel que se preparan para soltar amarras.

Hacia las tres del mediodía, comienzan a sonar las sirenas del Liemba y zarpamos, haciendo primero maniobras en el muelle para separar a otros dos cargueros abarloados al nuestro.

La salida como casi siempre que se deja un puerto entre gran expectación de los que van y los que se quedan, y los que no van con nosotros pero tampoco se quedan, unos sudafricanos que en sus equipados kayaks se disponen a una dura aventura, navegar todo el Tanganica remando. Aprovecho este comienzo de hazaña para daros algunos datos del lago.

El Tanganica es el lago mas largo de África y creo también del mundo con unos 700 kms. de longitud, y en él, está siempre la presencia de cocodrilos e hipopótamos en varias de sus orillas, como días mas tarde pude contemplar. Se ubica en la llamada región de los grandes lagos, haciendo compañía a los otros grandes lago Nyassa o Malawi y lago Victoria, así como al Eduardo, Jorge y Kivu, de menor tamaño estos últimos. Zona esta de muy convulsos enfrentamientos tribales en los últimos años.

Por tanto comenzaba para mí, la travesía de otro de mis muy contemplados en los Atlas accidentes geográficos centroafricanos, y como un niño observaba desde la borda las islas que íbamos dejando atrás al comenzar la nueva singladura con marcado rumbo norte.

Tras unas dos horas de navegación llegábamos al primer y creo único embarcadero del lago en su travesía tanzana, donde tras maniobra de acercamiento, un inmenso volumen de sacos de harina nos esperaba en el muelle de Kasanga para alojarse en la gran barriga del carguero. Tanto era así, que comenzando a cargarlo de día manualmente saco por saco en las redes de la pequeña grúa que lo depositaba en la bodega interior, y que posteriormente otra cuadrilla de jóvenes tanzanos, lo colocaban para aprovechar espacio, pasó la tarde, el ocaso y casi toda la noche cargando y cargando hasta las cinco de la mañana a las que de nuevo zarpamos, esta vez completos de carga.

Para esa hora ya había cenado un poco de arroz con salsa piri-piri, intentando no recordar el aspecto de las ennegrecidas potas tiradas por el sucio suelo de la cocina del barco, y me había acostado en mi pequeño camastro para pasar la noche a bordo. Había que ir haciéndose al lujoso crucero poco a poco, jajá. Lujoso por supuesto no era el adjetivo, pero exclusivo si que era, pocos europeos lo pisaban hoy en día.



DÍA 36 DE VIAJE

12 FEBRERO LAGO TANGANICA

Sobre las siete de la mañana me levanto para ver fondear al Liemba en las próximas escalas de Kala y Wapende, donde pequeños cayucos se abarloan al barco, para llevar y recoger pasaje local así como pequeños bultos en cestos y cajas. Durante estas maniobras los patrones de los cayucos se encolerizan gritando a su improvisada tripulación, para asegurarse recoger a los pasajeros que se tiene que acercar a tierra y ganarse así unos pocos chelines. A veces parecen que se vayan a abordar unos cayucos a otros, pero como todo en África, todo controlado, por lo menos hasta que se descontrola.

Luego el desayuno a base de fabinas con tortilla francesa y andazi, especie de buñuelos africanos que hacen las veces de pan, con aguado café y leche en polvo, pero a bordo es plato único. Eso si el precio, unos 3000 chelines, supone poco mas de un euro y medio.

Navegamos tranquilamente por las aguas del Tanganica avistando siempre al este la costa de Tanzania y al oeste la del vecino Congo Zaire. Me siento a babor cerca de mi cabina y disfruto leyendo, de la brisa del lago y el ir y venir de africanos por cubierta y de numerosas mamis musulmanas con sus niños.

El M V Liemba es ahora un barco de carga y pasaje, pero en sus comienzos era un buque de guerra alemán, que fue transportado y luego armado en el lago, donde se botó en 1914. Así que enseguida cumplirá su centenario, y yo no dejaba de pensar durante la travesía, la cantidad de historias que si hablara podría contar. Por sus cubiertas vio pasar militares, turistas, refugiados y hasta fue hundido y reflotado en dos ocasiones, para seguir hoy navegando como el primer día, por su amigo y compañero lago Tanganica. Te deseo otros cien años de servicio amigo Liemba, y es un sueño y un placer poder pisar tu férreo casco, y compartir y ser parte de tus historias.

Continuamos navegación con día muy soleado, y tras fondear en una antigua estación misionera, Kipili, seguimos hasta la cercana ínsula de Ntanga, donde recogemos a dos chicas blancas que llegan en un pequeño bote del lodge ecológico que hay en esta paradisiaca isla del lago. Y con ellas ya somos cinco los blancos a bordo, junto con un norteamericano de Philadelfia que ejerce de profesor en Mozambique y de viaje por la zona, Salvatore y yo. Vamos que somos una clara minoría a bordo.

Una docena de veces fondearía cerca de pequeñas poblaciones para embarcar y desembarcar gente, y cargar y descargar material como sillas, colchones, una moto, maíz, azúcar, zumos y un largo etcétera de cosas, siendo un constante espectáculo para los ojos del allí presente y obnubilado redactor de esta historia.

Converso entre otros con Abdí, un sonriente comerciante musulmán que acompaña a sus mercancías, y que como muchos de los suyos sigue llevando y trayendo cosas para ganarse la vida.

Ducha en destartalo baño y colada, ya necesaria tras días de viaje y sudor, para seguir usando mi escaso fondo de armario, que en el viaje se basa en mi pequeña y única mochila.

Cerca de Kabué, empieza a caer el sol y una preciosa puesta nos deleita en el lago. No puedo negar que en tantos y tantos viajes las he visto preciosas, pero esta sobre las montañas congolesas, estará en el Top10 seguro. Charlo con las chicas que subieron a bordo, una de Suiza y otra de Liechtenstein, creo es la primera vez que me topo con alguien de Liechestein, claro está salvo cuando estuve en el pequeño país entre las fronteras de Austria y Suiza. Trabajan juntas en una agencia de diseño de Zúrich y viajan un mes por Tanzania.

En la noche cenamos junto con ellas, americano, italiano y yo, pero se nos unen una pareja de ucranianos que no había contabilizado anteriormente. Ponemos la Túrmix, y babel de lenguas en la mesa, francés, ingles, italiano, ucraniano y hasta un poco de suajili, vamos que todos nos entendíamos perfectamente…o casi perfectamente, vamos a decir que casi no nos entendíamos. Bueno ya paro, pero mi ucraniano muy cortito, jajá. De hecho ya domino mucho más el suajili. Karibu, amigos de Ucrania.

De noche, una gran tormenta me despierta y salgo a pasear por cubierta entre la luz de los rayos, y la mucha gente durmiendo encima de los fardos. El Liemba siempre a su trantran mantiene sus constantes nudos de velocidad, acompañando al pasaje con una constante música que suena por el altavoz de proa.



DÍA 37 DE VIAJE

13 FEBRERO LAGO TANGANICA - KIGOMA

Amanece un nuevo y oscuro día en el lago cerca de Kiwesa, y poco a poco nos vamos acercando a las últimas escalas antes del puerto final de Kigoma. Años atrás, el Liemba continuaba viaje hasta la capital de Burundi, Buyumbura, a donde transportaba a muchos refugiados que retornaban después de los conflictos armados que asolaron estos países centroafricanos, pero hoy en día finaliza trayecto en Kigoma, debiendo luego viajar por tierra hasta mi próximo destino, Burundi.

Atrás dejamos el tanzano parque nacional de las montañas de Mahale, y al otro lado la región de Kivu Sur comenzará en tierras congolesas. A bordo, me hago amigo de un pequeñajo, hijo de uno de los muchos residentes en el Congo que usan también el barco para desplazarse a la antigua colonia belga, y un servidor, aprovecha para usar con ellos el francés en vez del omnipresente hasta ahora ingles de las excolonias británicas.

Fondeamos en Lagosa y seguimos en tramo final, ya con casi todo el pasaje en cubierta y me voy hasta la proa del barco para sintiendo la brisa, observar a las muchas negras mamis juguetear con sus niños en el puente, los nenos con usadas camisetas y las neninas con sus coloridos y pomposos vestidos. Sus papas a veces provocan una sonrisa en el que escribe, al ir algunos muy preparados con traje, pero debajo del mismo no les pega mucho una futbolera camiseta del Arsenal o del Chelsea, pero… me encantan los africanos, son únicos.

Sale el sol y el agua del lago brilla y forma luminosos destellos que me hacen pensar en lo afortunado que soy por poder estar navegando por semejante maravilla natural en el corazón de mi querida África, y compartiendo unos meses de mi vida con todas sus hospitalarias gentes a bordo de tan histórico barco.

Entramos en la bahía de Kigoma, después de ver la gran playa de Ujiji ,que al día siguiente visitaría, para ver de nuevo donde estuvo mi aventurero amigo Livingstone. Desembarco masivo de personas y bultos, pasamos frontera tanzana en el mismo puerto y nos vamos caminando hasta el centro pasando al lado de la estación ferroviaria.

Kigoma es una pequeña localidad pero con gran importancia por ser el principal puerto tanzano del lago y sobre todo turísticamente por estar muy cerca del Gombe N.P, santuario de muchos chimpancés, protegidos y estudiados durante casi 50 años por la naturalista británica Jane Goodal.

Después de ver algunos alojamientos me alojo junto a Salvatore y el casi amero mozambiqueño Samuel en el Hills Chimpancés Lodge, por unos 8 dólares, con baño en la habitación y con el desayuno incluido, todo un lujo por menos de lo que esperábamos. Cena en pequeño bar local de habichuelas con arroz, y noche bastante fresca.



DÍA 38 DE VIAJE

14 FEBRERO KIGOMA – UJIJI – KIGOMA

En el día de hoy, Samuel se va a enterar de como llegar a Gombe para pasar unos días en el parque, y Salvador y yo nos acercaremos a verificar los trámites para conseguir la visa para entrar en Burundi y asimismo comprobar la situación actual de este convulso país en los últimos años.

Entre todos los países a visitar en el viaje, Burundi, ha sido el que más dudas me ha generado hasta el último momento, ya que las informaciones que traía de España desaconsejaban viajar por él, por la todavía poco estable situación política y algunos atentados contra turistas de la guerrilla opositora al actual gobierno.

Es difícil decidir si entrar o no, si correr riesgos o no, y evaluar la importancia del riesgo, así que decidí ir preguntando ya acercándome a él. Pregunté al capitán del Liemba cuando estuve con el visitando el puente, y me dijo que el pais ahora estaba tranquilo, un oficial tanzano al timón lo corroboró, y luego Salvatore entrando en un foro viajero busco ultimas noticias de la zona, siendo pocas, pero todas nada inquietantes.

Así que nos dirigimos por la mañana al consulado de Burundi en Kigoma para ver si teníamos que solicitar visado allí o lo podíamos tramitar una vez en la frontera. Nos costó encontrarlo, ya que las primeras indicaciones de locales nos llevaron al consulado congoleño, en el que sonrientes funcionarios del mismo nos animaban a visitar su país. Desde allí nos enseñaron una casa blanca en lo alto de una colina cercana, indicándonos que allí vivía el cónsul burundés, y recordando ascensión al Kilimanjaro, para ya nos fuimos, no sin antes dar un pequeño rodeo de ascenso hasta topar con el lugar exacto.

Una vez allí, un agradable burundés nos indicó que podíamos hacer un visado de transito pero que lo gestionáramos en la misma frontera al llegar a ella, y tras recabar nuevamente información de la seguridad en el país nos mencionó nuevamente las tranquilizadoras palabras ya escuchadas: todo tranquilo.

Descendimos de tan alto consulado, y tras llamar a casa para felicitar el cumpleaños de mi blanca mami, me dirijo al cercano y pequeño pueblo de Ujiji, donde tengo otra histórica cita con el Doctor, que estuvo allí hace siglo y medio y fue localizado por americano periodista. Os suena la frase, supongo. “Dr. Livingstone, I presume”.

Pues sí, cerca de indicativo y patrocinado cartel de Vodafone, esa frase fue pronunciada debajo de dos arboles de mango a orillas del lago Tanganica en lo que es el edificio de una misión que rememora tal encuentro con una placa en una piedra debajo de los descendientes de aquellos famosos mangos.

Al lado un desangelado museo muestra a los pocos visitantes que por allí se acercan, es decir yo solo, por lo menos en ese día, unos cuadros con imágenes del encuentro y algún que otro dato de tan histórico momento, en que Livingnstone liberaba esclavos y con ellos buscaba incansablemente las fuentes del Nilo. Tambien en esta zona del lago fue de donde salió la expedición para la exploración del lago de Burton. A pocos metros del lugar el lago baña preciosas playas en las que pescadores descargan gasoil de un viejo camión en bidones para luego abastecer sus grandes cayucos de pesca.

Es curioso que no se sepa exactamente el lugar, ya que posteriormente pasaría por otro pequeño pueblo a unos 10 kilómetros de Buyumbura en Burundi, que rivaliza por ser la sede de tan relatado encuentro con su vecina de lago, Tanzania.

Después de ver este lugar regreso a Kigoma caminando por la adoquinada calle de Ujiji, donde modestas familias viven en pequeñas casas, con sus niños jugueteando entre las cabras que descansan en los quicios de las puertas. Una niña juega a ser mayor, llevando atado con pañuelo a la espalda a su polvoriento osito de peluche, como su mamá hace con su pequeñajo hermanito bebé.

A la vuelta en el matatu nuevo Africa record con 20 dentro más otros 5 que se suben apiñados de pie entre parada y parada. Menos mal que este viaje es de solo media hora hasta la ciudad, que si no, no soy quien a aguantar en apnea mucho más tiempo, jajá.

Ya en Kigoma aprovecho para comprar unos mangos en el mercado, repleto de pequeños puestos de fruta en una zona del mismo, y de pequeñas carnicerías en otra, caminando por estrechísimas callejuelas de puestos de ropa y calzado. De vuelta al lodge veo la sede de Unicef entre muchas otras organizaciones humanitarias que operan en la zona y que tienen aquí un emplazamiento seguro para moverse por la zona del Congo y Burundi, donde en los últimas décadas hubo mucho movimiento de desplazados. Tarde de descanso con sorprendente canal árabe que pasa una película de Almodóvar subtitulada en suajili, el no va mas, en cuanto a sorprender a uno se refiere.

Curiosidades que se dan en los viajes, o más bien diría casualidades. En el barco cuando mi italiano amigo Salvatore hablaba de viajes, en un preciso instante hablamos de Canadá, y en ese mismo instante pasa delante de nosotros un pasajero congolés del Liemba con una camiseta de Canadá, cosa que resulta estadísticamente casi increíble. Pero en la mañana de hoy Salvatore y yo charlamos de cine y de Felini, y yo le nombro a mi director español preferido, Pedro Almodóvar, y esa misma tarde en Tanzania estoy viendo en un canal árabe una película de un director español con ese nombre. Es casualidad, o rarísima casualidad, cosas de los viajes, I presume (supongo).

En la cena nos volvemos a juntar para despedirnos al separarnos todos al día siguiente. Samuel se va hacia Gombe, las suizas hacia el Serengueti, y Salvatore y yo hacia el incierto Burundi.

Os dejo descansar la vista y os cuento más de Burundi y Ruanda en próximo cuaderno…

14 de febrero de 2012

CUADERNO DE VIAJE AFRICA VIII – BOSTWANA, NAMIBIA Y ZAMBIA

CUADERNO DE VIAJE AFRICA VIII – BOSTWANA, NAMIBIA Y ZAMBIA

DÍA 29 DE VIAJE

5 DE FEBRERO  VICTORIA FALLS – CHOBE NATIONAL PARK - KATIMA MULILO
Después de la ansiada visita de las cataratas Victoria toca seguir camino hacia la vecina Bostwana. Esta mañana  madrugo mucho y salgo del Victoria Backpackers, no sin antes ver la obra de un viajero artista y escultor, que en un carro con el que viaja a modo de tenderete, exponía en los jardines de nuestro alojamiento esa noche su obra, la cual era un sinfín de figuras hechas con todo tipo de basura reciclada. No deja de ser una obra de arte por dedicación, imaginación y maña para hacer tan estrambótico belén de figuras.

Salgo hacia la carretera donde un taxi me dejaría en la parada de los taxis compartidos a unos 3 kilómetros de Vic Falls, pero al retrasarse al recogerme, el destino me deparó que el taxi compartido ya hubiera salido con lo que me puse a hacer autostop con tan buena suerte que enseguida un pickup se detiene con un chico de color conduciendo y que amablemente me dice que va hacia Bostwana.

Así que escuchando música góspel que tenia puesta en su radio cd, poco a poco, me fui haciendo un nuevo amigo con el que al final compartiría todo el día. Después de grandes rectas y buena carretera todavía en territorio de Zimbabwe llegamos a la frontera de Kazungula. Igual que en el mundo hay sitios geográficos físicos únicos, también en los mapas políticos se encuentran sitios únicos. Es el caso de la zona de Kazungula donde, en muy poco espacio, hasta cuatro países  comparten frontera: Zimbabwe, Botswana, Namibia y Zambia, siendo la frontera de este último país con Bostwana la que ostenta el record de frontera mas corta del mundo, con tan solo 750 metros  de border, superando así incluso a la del estado Vaticano con Italia. Creo que solo habría otra más pequeña, en el caso de que Gibraltar obtuviese su independencia, en su frontera con España en la gaditana Linea de la Concepción.
En este caso nosotros hacemos trámites de salida de Zimbabwe, e ingresamos en dirección a Kasama en la vecina Bostwana. En este país no hay que pagar visado de entrada, y eso sí, hay que pasar un control veterinario, que obliga a bajarse del vehículo y pisar en una alfombra con desinfectante para evitar pasar cualquier enfermedad del anterior país. El vehículo, a su vez también pasa las ruedas por una zona de hierba instalada en el medio de la carretera asfaltada.
Ya en la muy cercana Kasame, nos detenemos para desayunar, mi nuevo amigo Mabhena me lleva a su sitio preferido en este país, con centros comerciales ya muy occidentales y quizá el mas rico de África, al KFC donde nos desayunamos pollo frito con refresco, y también coge bolsada de comida para su familia, que le pido me deje pagarle por llevarme y compartir ese día conmigo. Tengo que pagar con tarjeta que aquí al igual que en Namibia si aceptan en todos sitios, para luego cambiar algunas pulas, moneda de Bostwana.
En Bostwana hay tres sitios de especial interés natural, el desierto del Kalahari, el Delta del Okavango y el Chobe N.P, pero sin tiempo elegí el más cercano a la frontera norte. Mi intención era llegar hasta aquí a Kasame y buscar algún transporte para visitar uno de los mayores atractivos de esta parte de África que es el Chobe National Park, una gran reserva de vida salvaje en un país con poquísimos habitantes y grandes territorios vírgenes. Pero al final ya tenia vehículo, porque Mabhena me dijo que el me llevaría y que entraríamos en el parque con el coche viendo toda su zona norte donde mas animales transitan.
 
Al poco accedemos por buena carretera a la entrada principal y nada mas entrar ya, unas voluminosas montañas de estiércol en la carretera nos advertían de que veríamos al mas grande, y así fue en dos kilómetros nos encontramos primero con un gran macho de elefante, y al poco cruzando la carretera y con gran prisa, una cuantiosa manada de mamas elefantas supongo llevando a sus elefantitos al cole hacia el norte del parque, donde se encuentra el rio Chobe, y los animales se acercan a beber cuando las charcas se vacían de agua.

Seguimos por la ruta de transito y una solitaria y curiosa jirafa nos mira al detenernos, como preguntándose si estábamos perdidos. Pero no, con su permiso le saco un par de fotografías, se las enseño y con su beneplácito os publico una en la que salió muy favorecida la esbelta chica.
 
Es increíble la cantidad de animales que se pueden ver aquí y prácticamente sin buscarlos, ya  que en todo el trayecto nos fueron apareciendo delante nuestro grupos de babuinos, impalas, cebras y ya en la últimos kilómetros antes de llegar a la puerta de salida del parque un enorme macho de elefante pasta tranquilamente, usando su trompa para llevarse las hierbas y hojas de ramaje a la boca. También un solitario y gran facóquero, especie de jabalí enorme, y con grandes colmillos se afanaba por cruzar hacia la zona del rio Chobe.
Por la tarde, una vez hemos salimos del parque nacional, nos dirigimos a Ngoma Bridge, puente sobre el rio Chobe, y donde este rio separa Bostwana, anteriormente llamada Bechuanalandia  de su vecina Namibia, donde vive Mabhena quien durante el viaje me cuenta que él es de Bulawayo en Zimbabwe pero que ya lleva viviendo cinco años en Namibia, donde gana mucho mas dinero, y vive bastante mejor. Allí le esperan su mujer y una pequeña de dos años. También me cuenta que sus padres viven en Gweu cerca de Kwe Kwe poblaciones que le dije conocía de mi viaje entre Harare y Bulawayo en Zimbabwe, y una gran sonrisa de felicidad inundó su cara, por conocer yo tan remotos lugares de su país.
Hacemos tramites de salida de Bostwana y posteriores de ingreso, una vez cruzado el precioso rio Chobe, en Namibia, antigua África del Sudoeste Alemán, donde tampoco requieren pagar visado de entrada, pero si se sigue con las paradas para desinfectar ruedas y calzado.

Ahora viajan con nosotros también dos jóvenes namibios que Mabhena cogió en la carretera para llevarles hasta su pueblo cercano a Katima Mulilo, donde vive este “cacho de pan” que es Mabhena. Siempre estas prevenido por si te topas con alguna mala gente en los viajes, pero en África lo más habitual es que te sorprenda muy buena gente como Mabhena. Pasé un fenomenal día con él sin esperar nada y solo con la intención de ayudarme a conocer sitios.

Pasamos una de las fronteras mas tranquilas que he cruzado, con personal muy educado y amable, y policías de marrón oscuro uniforme que nos elevan la barrera para entrar en su país.
Una vez en Namibia iba a conocer uno de esos sitios geográficos extraños en el mapa, y tiralíneas político dibujado en el mapa por las potencias colonizadoras, donde las fronteras se diseñaban sin ningún tipo de premisa física o étnica, y solo salvaguardando los intereses comerciales de estos países.  Este es el caso del lugar donde me encontraba, la Franja de Caprivi, una región de la gran Namibia, con poquísimos habitantes en pequeños poblados de casas rectangulares de adobe y paja, y con cercados de madera para resguardar al ganado durante la noche, como en los tanzanos poblados masáis.
Tras las grandes rectas de la carretera salpicada de muchos arboles, entre ellos grandes baobabs y pequeñas acacias, y muy cerca del poblado de  Bukalo, nos detenemos para volver a posarnos e ir a pisar la alfombrilla del puesto de control veterinario, la verdad que mis botas estaban asustadas de tanta limpieza después de semanas de pisar basura y mas basura en las callejuelas de toda África.

El final del trayecto, y donde me quedaría a pasar noche es la localidad de Katima Mulilo, donde mi reciente y gran amigo me deja  para al fin ir a ver a su familia. Nos despedimos cerca de un pequeño campamento de cabañas y barracones prefabricados donde me quedaré a dormir, Mukusi Cabins, y que tras comprobar él que tenia cama para esa noche se va tranquilo. El sitio sencillo, sin baño ni aire, pero muy limpio y nada que ver con mis habitaciones de Malawi o Mozambique. Al lado varias gasolineras llenas de grandes camiones trailers que aprovechan para descansar y repostar gasoil, ya que estamos en la ciudad mas lejana de toda Namibia, a 1200 kms de la capital Windhoek y a casi 500 kms de la siguiente ciudad habitada, Rundu, al final de esta extraña franja de tierra.

Al final del día me voy a ver la ribera del Zambezi a su paso por este país, cuna de los Himbas, y donde se suelen ver hipopótamos y cocodrilos disfrutando de sus aguas. Varios complejos hoteleros acogen huéspedes que vienen a conocer, pescar o simplemente descansar en la orilla de tan precioso rio. Por la ribera, el Protea hotel y luego un muy decorado y personal lodge de namibios blancos, con infinidad de piezas de caza y pesca disecadas. Es el único sitio con conexión a internet por 3G, al ser domingo y estar todos los numerosos centros comerciales cerrados en el centro de la ciudad.
En la tele, mientras ceno con riquísima cerveza Windhoek, veo un campeonato de esquí acuático, nada del omnipresente futbol, ya está bien de tanta pelota, jajá.  Da gusto ver en la programación de las televisiones deportes tan minoritarios y poco vistos, y sobre todo, con tanto calor en la zona, refrescantes.



DÍA 30 DE VIAJE

6 DE FEBRERO  KATIMA MULILO – FRONTERA ZAMBIA – LIVINGSTONE
Me levanto muy temprano para visitar el centro de la ciudad, con sus llenas de arena calles de un país con muchas zonas de desierto y donde en todo él, solo viven unos 2 millones de personas, casi todas de color pero con una importante presencia todavía de blancos que conservaron sus tierras y posesiones, tras difíciles años de desencuentros raciales. Todavía hoy en día se puede sentir un cierto rechazo a nuestra raza, al pasear por las calles o relacionarse con la población de color.

Me imagino que las heridas se irán curando y como decía en anteriores relatos, lo más importante es que se siga manteniendo la paz, en países que han sufrido tantas guerras por el dominio de sus tierras. Tierras cuna de toda la humanidad, pero que blancos quitaron a negros y luego negros quitaron a blancos, para al final hoy en día parece compartir en relativa paz después de tensos años de lucha en esta zona, con los países más ricos de África.
Me voy al banco principal para buscar cambiar algunos dólares de Namibia, para mi colección de billetes de todos los países que visito, y que en esta ocasión me costó encontrar nuevos de las cantidades más pequeñas. El personal del banco tampoco sintió mucho aprecio por este blanco que les pedía tan raro capricho, pero al final la perseverancia tuvo premio y pude hacerme con todos los billetes. Por cierto por un dólar US te dan unos 7 dólares namibios.
Desayuno en pequeño café del centro regentado por una tan grande como simpática blanca que me ofrece sus famosas Ham & Cheese Toast, y que la verdad estaban buenísimas. Leo prensa de toda la región del Zambezi, que ofrece información de  los cinco países que este rio recorre, y que había visitado: Mozambique, Zimbabwe, Bostwana, Namibia, faltándome mi próximo destino y país que  ve nacer al gran río, Zambia. Es curiosa la importancia que una letra tiene en toda esta parte de África, esa letra es la Z de Zambeze y esta presente en los nombres de varios países.
Busco un taxi compartido que me lleve a la cercana frontera de Wenela, donde haciendo trámites de salida me dispongo a entrar en un país que tiene una cierta importancia en mi periplo viajero. Ese país es Zambia y va a ser el que ocupe el número 100 entre los países y territorios que he podido visitar hasta ahora. Pero no dejo de estar sobre la mitad de todos los que hay en el planeta, que si no me equivoco son 193 países ONU y 228 entre países y territorios.
Los tramites de este redondo número de país, sin problema, pero si teniendo que pagar visado de entrada, para acceder a cruzar su frontera en un moderno puente sobre el rio que nace en su territorio. Antes de la construcción de este puente la frontera había que pasarla en un pequeño ferry que cruzaba el ancho rio. Ese puente concluye en la pequeña población de Sesheke, donde espero a que se llene una pequeña furgoneta con destino Livingstone, la ciudad zambiana cercana a las Cataratas Victoria en su territorio.
Mientras se llena para salir aprovecho a cambiar la nueva moneda que es el Kwacha de Zambia, también muy devaluado y por el que por un dólar US te dan 5.200 Kwachas y por un euro unas 6.500.
Viajaríamos bastante cómodos 9 personas en el combi, entre ellas dos mamis con una preciosa niña una, y un juguetón niño la otra, que se paso las varias horas del trayecto escalándome y descendiéndome. Al final colegas, colegas, y algún que otro ligoteo con su  vecina novieta de 2 años. Pero el romance finalizó cuando la mami con la pequeña se bajo cerca de, la días atrás mencionada, cortísima frontera de Kazengula hacia Bostwana.  En la carretera veo el primer cementerio en esta zona de bastante culto cristiano, justo antes de un gran frenazo por el cruce de la road de solitario rebaño de vacas, que supongo pierde el bus y pasa con prisa.
 
Ya por la tarde llegamos a la ciudad de Livingstone donde me dirijo a coger cama en el formidable Jollyboys Backpackers, de los mejores en los que he estado, organizado, limpísimo, con estupenda piscina, bar, restaurante y como no acceso WIFI a internet. Una delicia por solo 8 dólares, menos de 1000 ptas. Eso sí, cama compartida con otras 15 personas, que no por suerte no roncaron.
Luego, como os había contado en el anterior cuaderno dedicado a las cataratas Victoria, visito en la noche las mismas para ver el genial espectáculo del arco iris lunar sobre las cataratas.

DÍA 31 DE VIAJE

7 DE FEBRERO  LIVINGSTONE – LUSAKA
Hoy después del espectacular encuentro con las Vic Falls en su mágica noche zambiana, me tomo el día con tranquilidad, me levanto y me doy un refrescante baño en la piscina del backpackers para luego desayunar salchicha local en especie de rollo de pan empanado, y que con una mirinda de uva, me cuesta poco mas de un euro, 7000 kwacha zambianas. Luego compro Sim Card  de Zambia para mi móvil y recargo 10000 kwachas que me dan para llamar a casa.
La ciudad, antigua capital del pais, muy ordenada y bastante limpia, tiene un interesante museo que visito. El nombre os lo podéis esperar, Livingstone Museum, voy a sacarle una fotilla al entrar y no tengo cámara de fotos. Después de rebuscar en la mochila, me voy despidiendo de mi tan afanada compañera, pero regreso al callejero puestecillo de recargas y allí que con otra gran sonrisa, me entregan mi olvidada compañera ese día, y que no puedo más que volver a agradecer la honestidad y honradez de este continente y sus gentes. Para celebrarlo foto de grupo del personal de telecomunicaciones.
 
Ahora si puedo sacar foto del museo, y luego  de mi atento y hospitalario anfitrión Dr. Livingstone que nuevamente me recibe en su completo museo al lado de un viejo avión. De hecho, una sala del museo está dedicada por completo a su ilustre expedicionario. Cartas manuscritas, fotos de su Escocia natal, trajes utilizados, bastones, botiquín y mapas ilustrados con todos los recorridos de sus expediciones por el continente. Asimismo su árbol genealógico y sus descendientes hasta hoy en día. Muy interesante la historia de su muerte por enfermedad, buscando las fuentes del Nilo entre los tanzanos  lagos Victoria y  Tanganica en el actual territorio de Burundi, y que tras su fallecimiento cerca de Zambia, su corazón fue enterrado debajo de un árbol por sus afanados porteadores y luego transportado su cuerpo a través del continente hasta las costas del Indico desde donde se repatriaría a Gran Bretaña. Aunque su espíritu sigue en su querido continente y sigue siendo centro de inspiración para viajeros que seguimos sus andanzas.
El resto del museo, con salas dedicadas a la Historia Natural, Arqueología, Etnografía e Historia de los pueblos de Zambia, de lo mejor que se puede visitar en este país. Bien planificado a partir de un patio interior con una torre del reloj, y con itinerario interior de visita que hace que uno se empape de la cultura e historia de la antigua Rhodesia del norte.
Entre todo, me llamó mucho la atención las figuras de toda la fauna disecadas  y las muy reales maquetas de la vida en el país, desde las pequeñas chozas hasta la maqueta de rascacielos de Lusaka y puestecillos de vendedores de baratijas de hoy en día.
En la tarde, cerca de curiosos puestos callejeros de venta de trajes, busco información de buses hacia la capital para irme esa noche y saco billete para bus a las diez y media de la noche.
Pero aún con tiempo, decido ir a tomarme un café a otro sitio con solera, el Royal Livingstone Hotel a orillas del Zambeze y muy cerca de las cataratas. Este es más ostentoso y caro aún que su vecino Victoria Falls Hotel de Zimbabwe, pero con el mismo estilo decorativo elegante y detallista inglés.
Me tomo un café de cafetera, y aprovecho para escribir un poco, mientras me deleito con toda la decoración de la gran sala de café, en la que enormes lámparas colgaban del alto techo y el armario mostrador de bebidas que era similar a una biblioteca con escalera de madera para los estantes más altos.

Luego me acerco a ver el atardecer en impresionante terraza sobre el Zambeze, con zona electrificada para evitar los ataques de los numerosos cocodrilos de este río, y puntiagudas piedras para evitar los hipos pasen a pastar a sus jardines en la noche. La puesta de sol, con el humo de las cercanas cataratas y las pequeñas islas sobre el río, de las más bonitas que he visto. También me resisto a marchar pero hacia las nueve de la noche aprovecho que vuelven al centro de Livingstone un grupo de ingleses y me llevan en su minibús.

Compro algo de comer en puestecillo al lado del autobús que tomaré hacia Lusaka y con salida puntual a las diez y media, paso noche durmiendo  en el bus.


DÍA 32 DE VIAJE

8 DE FEBRERO  LUSAKA
En principio el bus tenia prevista su llegada a la capital sobre las cinco y media de la mañana, que junto al esperado y habitual retraso que suelen tener, preveía la llegada ya fuera de día, pero cual fue mi sorpresa que no solo se retrasó sino que encima llegó con adelanto. Así que a las cuatro y media de la madrugada tenia que salir y hacer algo en aquella gran estación de autobuses con decenas de ojos reclamando te fueras en su coche. Situación complicada en ese lugar y a esas horas. No me queda más remedio que fiarme de unos de aquellos ojos, y subirme en su destartalado coche, sin apenas luces en la ciudad, y con la única posibilidad de darle una dirección. Había mirado el día anterior un famoso backpackers de Lusaka para ir por la mañana a buscar habitación, así que esa dirección le dÍ al supuesto taxista con negrísimo acompañante en la parte trasera, y que no me daba muy buena impresión con su accidentada salida del aparcamiento subiéndose por los montones de tierra de una cercana zanja, y menos aun cuando callejeaba por oscurísimas calles sin presencia humana alguna, pero después de quince tensos minutos se para junto a un destartalado portón que resultó ser el Cha, cha, cha Lusaka Backpackers.
Una vez allí y después de un rato, un dormido muchacho me abre el portón y me indica que no hay nadie para darme habitación a esas horas, y que si quiero duerma algo en una pequeña hamaca, que tomo como un pequeño paraíso de seguridad en la incierta noche de la capital zambiana.  A mi lado, en un cómodo asiento, un tranquilo y atigrado gatuco africano ni se inmuta ante mi presencia. Hasta ahora todos los albergues de mochileros cuentan con su mascota, jajá.
Ya de mañana, me despierta amable chico del backpackers que me ofrece cama en habitación compartida para la siguiente noche pero dejándome entrar en ella a dejar mis cosas ya en ese momento y pegarme una ducha para salir a visitar la ciudad. El nombre del alojamiento mochilero, Cha, cha, cha, proviene del nombre dado a una protesta de desobediencia civil que se produjo en Lusaka en los años sesenta, y que buscaba la ya muy cercana independencia del país.
Andando me dirijo al centro de Lusaka, cruzando puente sobre las viejas vías del tren de Tazara, que une Tanzania con Zambia, para llegar después a la quizá principal calle de la capital: Cairo Road.
Aquí numerosos comercios y pequeños establecimientos de comida me dan la bienvenida invitándome a un deseado desayuno. Menú: boerewors, una especie de salchicha africana envuelta en pan empanado, con triangular samosa de carne y Fanta de piña. Ya menos hambriento visito el cercano mercado central y sus altos edificios parecidos a los de las capitales del entorno de la extinta Unión Soviética.

Me parecía estar en una calle de Sofía o de Varsovia, y digo en una calle, por que era la única calle con estos edificios, el resto de la ciudad es de edificios bajos y como máximo dos o tres plantas. Quizá reminiscencias del coqueteo del independentista y durante muchos años presidente, Kenneth  Kaunda.
En la ciudad, con muchas Jacarandas en sus calles como había visto años atrás  en la ciudad de Pretoria, muchísimas banderas del país anunciaban acontecimiento del día. Y ese acontecimiento era la semifinal de la Copa de África de futbol de esa tarde contra Ghana, que tenia a toda la ciudad en pie de guerra, y equipándose con banderas y camisetas de su equipo.

Tomo un cafetín leyendo periódico que casi en su totalidad anima a la selección nacional a hacer algo grande por el país, y entre tanto ambiente, me voy luego a preguntar por billetes de bus para el día siguiente que tengo que coger para ir hacia el norte del país donde me espera otro apetecido histórico africano, el M V Liemba.
En la estación, igual euforia nacional, que me invita a fotografiarme con negros tifosis zambianos. A la tarde la euforia acabaría de desatarse al ganar el partido por 1-0 y pasar este país a la final de la competición de futbol mas importante en África. Las calles tomadas por la gente, los coches todos pitando y manadas de muchachos, semejaban las migraciones de los ñus, pero esta vez no en los campos del Serengueti, sino por los campos de futbol.
De noche en el Cha, Cha, Cha Backpackers la fiesta continuaba la celebración con las locales cervezas Mosi, y mochileros blancos y negritos locales brindábamos por el triunfo zambiano.

DÍA 33 DE VIAJE
9 DE FEBRERO LUSAKA-MPULUMGU
No madrugo mucho, desayuno y escribo un poco mientras cargo la batería de mi portátil y de la cámara de fotos. Compró nueva camiseta, para hacer colada de la otra, y tiempo charlando con chica danesa que se dirige a Zimbabwe, le doy siempre importante información de alojamientos y precios de buses y furgos que agradece, ya que viaja sola y así ya tiene referencia del precioso y seguro backpackers de Harare.
Al mediodía me voy andando hacia la Intercity bus station de Lusaka para tomar bus hacia el norte a las tres de la tarde. Como siempre abarrotado y además de cinco filas de asientos, que hace que vayas con los hombros plegados para poder entrar todos en cada fila. Me acompaña chica Bemba de Mpulumgu, etnia mayoritaria en el norte de Zambia, y comerciante musulmán de la misma población, a la que nos dirigimos todos ese día y esa noche. Viaje de aguante, unas 19 horas previstas.
El bus tuneado con dibujo de gran leopardo lateral y enorme defensa delantera, por si se pone delante del bus en la carretera algún amigo del leopardo, y destroza medio autobús. Sale en hora y por buena carretera nos dirigimos al norte pasando por Kapiri Moshi. En el paisaje desde mi ventanilla, enormes y diferentes nubes hacen imaginar todo tipo de animales y figuras, en el arcén infinidad de pequeños puestos de tomates y melones perfectamente colocados para que apetezca mucho más comprarlos.

Recientemente en esta zona del país hubo un gran brote de cólera que causo miles de muertes, y que es bastante frecuente cuando en época de lluvias, algún año se desbordan los ríos y provocan brotes de esta mortal enfermedad. Recuerdo hace unos dos años el Zambeze se desbordó también en la frontera de Namibia con Zambia causando muchas muertes y destrozos en la zona donde viven los tongas, etnia mayoritaria en el sur de Zambia y norte de Zimbabwe.
Van cuatro horas de viaje, y las posaderas no encuentran postura, en tan mínimo espacio, pero no hay que inquietarse fácilmente, aun quedan quince o dieciséis horas más. Una parada entre una gran tormenta, da tiempo a levantarse y comprar algo de comida para el viaje, así como empaparse e ir húmedo todo el viaje.
Ya oscureciendo, nuevo control de pesaje de autobuses y camiones, y en el cielo muchas y luminosas estrellas van apareciendo. En África, como pude comprobar en mi anterior viaje transahariano, se pueden ver mucho más brillantes que en Europa por la falta de iluminación en las ciudades, que hace se vea con muchísima más claridad el cielo.
Sobre las 3 de la mañana paramos en la ciudad, ya en el norte, de Kasame y luego en Nbala, con gran movimiento en el bus de descarga de bultos y mamis con niños atados a su espalda que se posan en estas poblaciones. Medio dormido me doy cuenta que estoy rodeado en el asiento de pequeñas cucarachas, eran pequeñas hasta que vi a las mamás de las pequeñas cucarachas. Ellas a lo suyo, pero a mí me dejaron preocupado para el resto de la noche y con dificultad para dormir tranquilo. Hay que aguantar, quedan pocas horas.


DÍA 34 DE VIAJE
10 FEBRERO MPULUNGU
A eso de las ocho de la mañana, por fin llegamos a Mpulumgu, pequeño pueblo a orillas del lago Tanganica, el cual tengo previsto poder navegar en el histórico carguero Liemba y que supuestamente sale los viernes de este pueblo hacia Tanzania y Burundi atravesando hacia el norte todo el gran lago Tanganica. Pregunto a mis compañeros de viaje donde me puedo informar si el barco ya ha llegado de Tanzania y para sacar pasaje. Me acompañan hasta la zona de pescadores, donde me indican que el barco posiblemente no llegue en el día e igual llegue al día siguiente.
La verdad que aquí es imposible tener certeza de horas o de días de salida. No obstante tenía bastante suerte si esperaba solo un día más la salida del barco, al haber leído que salida todos los viernes desde allí, y sin embargo indicarme un pescador que solo salida dos viernes al mes, y uno de ellos era ese. Menos mal que esperaría un día y no una semana.

Al ver que no saldría ese día como tenia pensado me indican guesthouse cerca del puerto para  pasar la noche, donde también aprovecho para comer pescado del lago a la parrilla, en original parrilla que era la llanta de la rueda de un coche con las brasas en su interior, y el pez en estacada encima asando. Lo que no inventen estos africanos.
Al finalizar de comer me encuentro con un incansable viajero italiano. Es Salvatore, tiene 66 años y lleva toda su vida viajando varios meses al año. En su haber unos 120 países visitados, muchos de ellos en varias ocasiones. En esta ocasión ya lleva casi tres meses en África y espera también por la salida del Liemba.
Charlamos un poco y coincidiremos en los próximos de viaje, ya que él también se dirige hacia Burundi y Ruanda como yo. Tiene ahora tiempo para viajar y a pesar de su edad sigue con la misma ilusión que en sus primeros años de viajero, era profesor de latín en su Sicilia natal aunque ahora vive en Milano.

En la tarde verificando que el barco llegará a la mañana siguiente aprovecho para ver el mercado de pescado a orillas del lago, donde se venden todo tipo de peces frescos y desecados así como orugas fritas y alguna otra cosilla que quita el hambre, afortunadamente ninguna viva. En el mercado también muchos puestos de ropa usada y pescadores reparando sus pequeños cayucos.

De vuelta a la guesthouse veo varias empresas pesqueras que exportan pescado del lago, y el día acaba sin luces al haber uno de las más que habituales cortes de luz. Noche sin ventilador, sin luz pero eso sí con muchísimos mosquitos, que cerca del lago tienen su ecosistema perfecto. Por suerte Salvatore me deja una vela para llegar a la habitación y ver la cama.
A la maniana siguiente podríamos embarcarnos en el casi centenario M V Liemba y navegar el mayor lago de África, el gran lago Tanganika, desde Zambia hasta Burundi.
Continuará…

10 de febrero de 2012

CUADERNO DE VIAJE AFRICA VII – CATARATAS VICTORIA

Hoy os intento como es la septima maravilla del mundo...Impresionantes Victoria Falls

CUADERNO DE VIAJE AFRICA VII – CATARATAS VICTORIA

DÍA 28 DE VIAJE

4 DE FEBRERO  VICTORIA FALLS

Hoy me levanto con una gran expectación por ver a un amigo con el que tenia una cita aquí en el ecuador de mi viaje. Ya hacia tiempo que le venia siguiendo y aunque sabia bastantes cosas de él, tenia ganas de conocerlo en persona.
Antes de salir, charlo con mis compis de habitación compartida esa noche, una pequeña pero simpatiquísima japonesa que viaja sola desde Etiopia hasta Sudáfrica, Shisuzu, una  inglesa de Southampton que viaja por la zona hasta Sudáfrica y luego se va a Australia y  New Zeland, y un alemán también de ruta por Zimbabue y Sudáfrica. Todos se van hacia el sur, para conocer quizá el más completo de los países africanos, la gran SouthAfrica. Al lado del bar un enorme gran danés descansaba de la más que agotadora fiesta de la noche pasada, al cual vi deambular con gran dominio de la situación, entre locales y turistas sujetos a sus cervezas. Y no me refiero a un mochilero de Copenhague, sino a un canino de enorme tamaño, que junto a otros dos colegas también caninos viven en el movido backpackers.

Ante la importante cita, me tomo el día con tranquilidad, reviso el mail en un internet café cercano, llamo por teléfonodesde móvil hecho polvo que me presta un dispuesto vendedor de saldo para llamadas, pero que por unos 3 dólares me da para hacer 4 llamadas cortas. Hoy en día en África todo el mundo tiene móvil de tarjeta y salen mucho mas baratas las llamadas de móvil que las de fijo, que ya habiendo pocas líneas, con la llegada hace unos años de la tecnología móvil, se dejaron de instalar y desarrollar el cableado de estas costosas líneas fijas.
En el camino hacia las cataratas, salteado de grandes y lujosos hoteles, vendedores locales me ofrecen antiguos dólares de Zimbabwe, que acceden a intercambiar por mi gorra y por la única camiseta que tenia en la mochila ya bastante acabada, pero que ellos van a lavar y volver a vender. Es bastante habitual aquí, comprar y vender ropa usada. Y la verdad es que nunca había hecho una operación de tanto volumen, ¿sabéis por cuanto vendí mi gorra y camiseta esa mañana? Pues hay va la cifra: mi gorra valió en el mercado negro la cifra de 71 millones de dólares de Zimbabue y mi camiseta batió record y me dieron por ella 97 billones, con b, de antiguos dólares de Zimbabwe. Imaginaros hasta donde llegó a devaluarse esta moneda con la supercrisis económica y política del país en los últimos años, hasta no tener más remedio que usar el dólar US hoy en día. Vamos que lo de Grecia, Portugal y España es un simple catarro.
Llegando a la entrada del Parque Nacional de las cataratas Victoria, por la turística calle que conduce a ellas, muchas empresas ofrecen todo tipo de actividades en las cataratas y el Zambeze como son puenting, kayak, rafting y un sinfín de posibilidades para descargar adrenalina. Se divisa ya a lo lejos las nubes de vapor de agua que emanan de la rompiente de las cataratas, y sobrevolándolas un helicóptero con pasajeros que estarán teniendo uno de los mejores vuelos de su vida, por lo espectacular que tiene que resultar ver esta maravilla desde el cielo. Tuve la oportunidad de sobrevolar otra de las siete maravillas naturales del mundo, el Everest, y fue increíble. Si os apetece podeis ver las fotos en un álbum de mi Facebook. Estas también se pueden sobrevolar en ultraligero y hasta llegar a ellas en un viejo tren que tiene su estación justo a la entrada de las mismas, Vic Falls railway station, y que parte dos veces por semana hacia Bulawayo y Harare.
La entrada por el lado de Zimbabwe cuesta 30 dólares o 25 euros, por el lado Zambiano es más económica y se tiene una visión diferente de ellas. A la entrada paneles con su historia natural y la historia de su descubrimiento y posterior creación del parque nacional. Desayuno algo para no adelantarme a mi cita, y alquilo un pero que muy útil gran chubasquero para paliar en cierta medida la gran pingaduraque iba a tener durante todo el día.
Son casi las 11 de la mañana y me dirijo por el interior del frondoso bosque del parque hacia el lado oeste de las cataratas donde se encuentra la primera y muy caudalosa Devils Cataract, la cual puedo ir divisando a través de la vegetación, iluminada por radiante sol a esas horas.
Y llegó el momento del encuentro con mi amigo, al que venia siguiendo ya desde Zanzíbar donde vivió hace ya algún tiempo y desde donde partió en alguno de sus grandes viajes por el hasta ese momento inexplorado interior del continente Africano. Ahí estaba, observando tanta belleza desde su pedestal, con botas altas, ropa de expedición y su más que utilizado bastón. Yo como no, le hice la ansiada pregunta: “Dr. Livingstone, I presume?”, vamos que traducido al asturiano es algo así como: “Imaginome que yes David Livingston, no?, y que en los libros de historia quedará para siempre como: “Dr. Livingstone, supongo”, pregunta que le hizo el periodista y aventurero norteamericano Henry Morton Stanley al encontrarlo tras varios meses de búsqueda en la selva.

Estuve un ratillo con él sentado y pensando que si algún día pudiera cambiar mi vida con la de otra persona, no seria con presidentes ni reyes, cantantes ni futbolistas, sería con alguien como Livingstone, que tuvo la valentía y coraje de explorar un continente tan bello como peligroso y desconocido en aquella época, pero que tuvo la grandísima suerte de toparse con uno de los mas espectaculares monumentos naturales que se pueden ver en la tierra.

Así todo yo estaba muy contento, llevaba casi un mes de viaje superando pruebas día tras día, me había encontrado con el gran explorador, y estaba allí sentado viendo lo mismo que él había visto hacia ya casi 160 años. Y digo lo mismo, por que lo bonito de las cataratas es que para ellas 160 años no son nada, y siguen estando exactamente igual que cuando fueron descubiertas por el intrépido escocés.
Me despido temporalmente del doctor, ya que no sería la ultima vez que estuviera con él en mi viaje, indicándome por donde debo comenzar a explorar las cataratas mas grandes del mundo con una longitud de casi dos kilómetros de largo y una caída de mas de cien metros.
Intentaré como hasta ahora en mi cuaderno transmitir a todos vosotros mis amigos, las sensaciones que se tienen observando tanta belleza natural.
Como os comentaba la primera catarata que se ve desde el lado de Zimbabwe es la llamada catarata del Diablo, por la cantidad de caudal que derrama. Estamos todavía en época de lluvias, y es muchísimo el agua que lleva el Zambeze. Al ir avanzando por un pequeño sendero de piedra comienzo a ver  frontalmente las cataratas y el vacío que queda abajo donde una estrechísima pero elevada isla se alza sobre la parte inferior del rio a escasos metros de las cataratas. Se puede bajar por unos escalones hacia el interior del barranco que da a las cataratas y ahí comienza la gran mojaduraque ya no desaparecerá en todo el día.

La espuma a modo de spray que desprende el impacto del agua con el fondo de las cataratas hace que la sensación sea la de un gran chaparrón de agua, del cual intentaba proteger mi cámara en el interior del sufrido chubasquero.
Ya otra vez arriba, continuo camino viendo en los arboles a varios Vervet Monkeys, jugueteando entre las ramas de los tupidos arboles. Varios miradores con empalizadas de arbustos dejan ver prácticamente la totalidad de las cataratas, y en algunos puntos aprovechando breves instantes sin lluvia, puedo sacar rápidas fotos. Dos chicos del país, de visita, me piden les saque una foto con tan precioso fondo, y a su vez ellos me tiran un par de ellas, pero la foto me quedará a mí de recuerdo porque no tienen ningún mail donde enviársela. En todo caso ellos quedaron encantados solo con verse en el monitor.
Numerosas zonas dejan ver la parte alta de las cataratas, donde varios escalones de piedra antes de la caída final, hacen que el agua tome un color amarronado antes de derramarse en blanquecina espuma. La parte final de la caída es imposible apreciarla por las nubes de espuma que se forman en el interior del barranco, y para mas dificultad en ese momento comienza a llover de una forma descomunal, pero la verdad, que nada que me mojara más de lo que ya estaba.
Después de caminar por el acantilado frente a ellas, llego a uno de los puntos mas espectaculares pero también peligrosos como su nombre indica, Danger Point, donde sin barrera alguna uno se coloca encima de las mojadas y resbaladizas rocas sobre el abismo de mas de cien metros de altura, viendo abajo el comienzo del rio después de la gran caída. La verdad es que había experimentado una sensación parecida en Islandia, colocándome en un sitio parecido en las caudalosas cascadas de Dettifoss, donde el miedo pasa a formar parte de la increíble sensación de pequeñez que uno tiene ante tanta grandiosidad.

Con mucho cuidado me fui alejando de este punto y asomándome mas adelante contemplé la isla Livingston, justo encima del centro de las cataratas y toda la parte este de las mismas ya pertenecientes a la vecina Zambia.
Finalizando el recorrido se ve el Victoria Falls Bridge, puente de un kilometro construido sobre el rio a principios del pasado siglo, para unir las dos Rhodesias por encima del rio, y hoy frontera entre Zimbabwe y Zambia a quienes corresponde la mitad del rio y en consecuencia la mitad de las cataratas.

Tan empapado como feliz por ver semejante maravilla, seguí visitando el interior del parque hasta volver a la entrada principal, donde me quité las llenas de agua botas y comencé a digerir todo lo que había visto, y así mismo empezar a secar la ropa que emanaba también nubes de vapor por la humedad y el calor.
Aprovecho para comer en pequeño restaurante regentado por una amabilísima zimbabwense blanca, que me permitió dejar allí mi mochila con el portátil y alguna prenda seca  al comenzar la visita. De menú sabrosísimo pescado Zambezi Beam, acompañado de cerveza de Zimbabwe Falls. Luego hago tiempo escribiendo diario  y esperando a la ultima hora de la tarde para sacar más fotos antes de cerrar el parque a las seis, y donde después de pasar la tormenta y con mejor luz pude tomar las mejores.
Aprovecho hasta la hora de cierre y haciendo el mismo recorrido que en la mañana, la vista con la nueva luz las hace aúnmás bonitas. Conozco a un australiano con quien intercambio toma de fotos, y con el que luego coincidiría a la noche en otro sitio mágico.
Ya de vuelta al pueblo me encuentro con españoles de Málaga, dos parejas que llegaron hoy y viajan hacia Bostwana, Namibia y Sudáfrica tras ver las cataratas. Uno de ellos, también muy viajero me pide email para compartir andanzas, después de comentarle todo mi recorrido de viaje. También conozco a unos  argentinos de Mar de Plata que viajan como yo desde Zanzíbar, y charlando todos, en hacia tiempo por mí inutilizado español.

Antes de volver para mi backpackers decido celebrar el ansiado encuentro con Livingston y sus cataratas, así como el ecuador de mi viaje en un sitio con mucha historia al ser el hotel más antiguo de Zimbabwe, y una institución en los viajes de tantas personas durante el siglo pasadoa la zona. La sola visita de su hall, estanques, patio, terraza con vistas al puente y al humo de las cataratas, gran árbol en el jardín, excelente piscina y jardines, ya merece la pena, pero viendo la carta de su terraza restaurante, decido cenar con las magnificas vistas del atardecer sobre las cataratas.
Al comedor principal interior solo se podía acceder de etiqueta, cosa que no llevaba en mi pequeña mochila, jajá, pero en la suntuosa terraza, pastel de Salmon 15$, pan de tres clases diferentes con 4 salsas, mantequilla, piri-piri, wasabi y modena, 2$, bier local 3$ y café maquiato 2$, no sumaron en total más de 16€, aquí uno de los mejores lujos que uno se puede dar y en España, precio de unos calamares y una sidra en cualquier sidreria.

Pensaba en ese momento que muchas veces se prefieren visitar modernos y a veces impersonales hoteles con precios mucho mas altos que históricos edificios con un maravillo sabor a pasado, y recuerdos de antaño y que a veces los verdaderos lujos son saborear estos sitios sin gastar más.
Se sienta en mi mesa el australiano de Queensland que conocí en las cataratasy que viaja en un plan similar al mio, saboreando todos estos sitios sin alojarse en ellos, y que en un mes recorre desde Kenia  a Sudáfrica, para desde allí volver a su oceánico país.
De vuelta a mi sencilla pero también baratísima cama oigo a ranas, grillos y otros afanados cantantes en el estanque del Victoria Falls, interpretando su rítmica melodía y armando gran ruido, que cesa a mi paso, para luego continuar. Sería por si les reñía.

Aunque en el siguiente blog os seguiré contando los siguientes días de viaje a través del ChobeN.P en Bostwana y la franja de Caprivi en Namibia, no quiero dejar de narrar en este, dedicado por completo a las Victoria Falls, otra preciosa experiencia que tuve al volver a verlas en mi viaje de regreso por Zambia, y que como todo es siempre relativo y superable, hizo que la nueva visita, esta vez en la noche fuera todavía mas mágica. Aproveché que en la noche del 6 de Febrero había luna llena y en ese momento se produce un fenómeno único, y que no es otro, que el supongo para todos desconocido, como para mí también lo era, arco iris lunar sobre las cataratas.

Esa tarde entré por el lado Zambiano de las cataratas a las 6 de la tarde para no pagar la entrada diurna, y aprovechar uno de los tres días en que el parque permite el acceso de noche durante la luna llena.
Charlo con las guardas del Parque Nacional Mosi-o-Tunya, que así se llama la parte de las cataratas en territorio de Zambia, y que significa “humo que truena”, y accedo por donde otra vez me estaba esperando mi amigo Livingstone, esta vez desde su pulpito en esta parte de las cataratas, con inmejorables vistas. Me entraba la duda de si él habría tenido la oportunidad de ver el fenómeno que se producía las noches de luna llena y que a mí me gustó tanto.

Todavía sin hacerse de noche, pude visitar las cataratas desde una nueva perspectiva, creo todavía más bonita que la otra, sobre todo por que desde la parte Zambiana se accede por un vertiginoso puente sobre el abismo a una isla encima del cauce roto por las cataratas del rio Zambeze. Se vuelve a coger una pingadura impresionante pasando por encima de él, con la lluvia ascendente del impacto del agua en el fondo del río y hay que pasar con mucho cuidado por que casi no se ve nada. Pero una vez en la isla, se ven perfectamente todas las cascadas en toda su longitud y bordeando la isla acantilada sobre el fondo cauce del rio, se tiene una visión única del metálico puente Livingstone en frente, uniendo los dos países, por encima del Zambeze.
 
Desde aquí se pueden ver frontalmente y se aprecian los hundimientos de la roca antes de la caída final, que provocan remolinos en el agua que luego cae vertiginosamente. Al volver se pasa nuevamente por la ducha de la pasarela, y ya oscureciendo la luz de la luna reflejada sobre las humedecidas hojas de los arboles hace que parezca que tengan luz, asemejando a la luz de numerosas luciérnagas.
La noche se acercaba a su momento mágico y era ver en un mirador lateral de las cataratas, como la luz de la luna sobre las gotas de agua en suspensión formaba un blanquecino arco iris lunar. Vamos que ni en sueños te imaginas que eso pueda ocurrir. Solo estábamos media docena de personas viéndolo y a todos nos parecía increíble. El fenómeno se llama Moon lightArc y duró unos quince minutos por que la noche aún nos depararía mas sorpresas.

Las nubes taparon la luna, el arco lunar desapareció y comenzó una gran tormenta eléctrica que se veía a lo lejos sobre el vecino Zimbabwe. El espectáculo de luz y sonido era impresionante iluminando los larguísimos relámpagos toda el agua del rio. Leí posteriormente que Zimbabwe es el país con más descargas eléctricas del planeta, por su situación interior y las diferencias de humedad y temperatura que se producen con las corrientes de aire. Vamos a esperar que la tormenta no pase a la vecina Zambia, por que la verdad, entre la luz de los rayos y el sonido de los truenos, enmudecía al aforo incluso a tanta distancia de allí.
Me doy una vuelta por la orilla remontando el rio y veo las islas que se forman en el interior del rio justo antes de que el agua se precipite, y en un punto me bajo hasta el nivel del rio pudiendo pasar a una roca rodeada por la corriente y a escasos 15 metros de la caída. ¡Que sensación!, era de noche, la corriente bajaba fuertísima, estaba allí sentado y muy cerca ellas, era maravilloso. Eran las nueve de la noche, estaría una media hora y pensando en lo maravilloso que podría ser que todos estuvieseis en esa roca viendo tanta maravilla junto a mí. Por lo menos intentaría en mi cuaderno transmitirlo nítidamente, para así poder hacer que estuvieseis  ahí conmigo un poco. Lo comparto sinceramente con todos y deseo, algunos podaís alguna vez venir aquí.

Antes de marcharme no resistí la tentación y quite mis botas y mis calcetines y con el pantalón aún muy mojado metí mis pies en el agua. Ahora la sensación era de libertad total y de hacer algo que solo en un sueño se imagina, tenia que hacer fuerza para contrarestar la fuerte corriente, y veía pasar ramas y pequeños maderos hacia el precipicio.Suponíatambién claro está que los muy numerosos cocodrilos del Zambeze río arriba, no se atrevieran a llegar hasta tan peligroso sitio. La verdad que no sentí ningún miedo pero la caída estaba ahí a mi lado, era genial.
Luego al volver a la orilla, me encontré a una pareja inglesa que me dio un susto de muerte al acercarse por atrás, eso si sin ninguna mala intención de empujarme, ja, ja. Les enseñé este y otros sitios que les fascinaron, al haber visto solo la parte de miradores con barandilla de las cataratas.

Ya cerca de las 10 de la noche tenía que irme pero como si de un imán se tratara volvía a verlas desde un mirador y desde otro, y a acercarme nuevamente a la pasarela sobre el rio. Al salir firmo y plasmo en gran libro de visitas, mis impresiones sobre lo precioso del lugar, solo con el pequeño resquemor de no ver el nombre de ningún otro español de visita allí desde el mes de Noviembre, en que empezaba el recuento de ese libro. Había gente de muchismas nacionalidades, pero español ninguno. Pregunto a las simpatiquísimas guardas, si saben si habrá algo en que volver a la localidad de Livingstone, a unos 12 kilometros de las cataratas, a esas horas, y amablemente me dicen que espere con ellas, que un matatu del parque viene a buscarlas a ellas y al resto del personal del parque, para llevarlos hasta la ciudad.
Espero mientras cierran y casi sin darme cuenta, el cielo se despeja de nubes y me hacen señas de que antes de subir al matatu les acompañe otra vez dentro a ver el arco lunar. El imán seguía funcionando a tope de potencia y otra vez que me atraía. Ahora pasadas las diez de la noche, el arco era perfecto y visible en su totalidad con una nitidez asombrosa.
Al salir con las guardas, Livingstone con mirada cómplice, me guiña un ojo, ja, ja. Ya sabía que algo iba a hacer para que me fuera con la mejor de las vistas de sus cataratas y del arco de Moon Light que él ahora si estaba viendo y disfrutando por siempre.
De verdad que espero haber compartido con todos esta difícil forma de narrar tanta belleza y sensaciones. A propósito el sonido es el de “Mosi-o-Tunya”, y en esta época de lluvias es atronador.

Os sigo contando mas cosas de Bostwana y Namibia en el próximo cuaderno. Un abrazo mio y de mi amigo David para todos.

6 de febrero de 2012

CUADERNO DE VIAJE ÁFRICA DEL ESTE VI - MOZAMBIQUE Y ZIMBABWE

CUADERNO DE VIAJE ÁFRICA DEL ESTE VI
MOZAMBIQUE Y ZIMBABWE


DÍA 23 DE VIAJE
30 ENERO LILONGWE – FRONTERA MOZAMBIQUE – TETE
Desde la parada de los matatus de Lilongwe salimos 19 personas, otra vez como sardinillas en la pequeña furgo tipo vanette, hacia el sur de Malawi para ir acercándome a las fronteras con Mozambique e intentar pasar a este nuevo país. Y digo intentar porque quizá sea el más problemático a nivel de obtención de visado. En otra ocasión estando en Swaziland de camino al parque sudafricano Kruger intentamos entrar en Mozambique y visitar su cercana capital de Maputo, pero nos fue imposible obtener el visado en la frontera terrestre. Debíamos de gestionarlo en Sudáfrica y tardaba tres días, así que desistimos del intento. Y ahora no traía visado desde España, para no tener que enviar pasaporte a la embajada, y por si se perdía entre embajada y mensajerías días antes de viajar a Tanzania. Así que me voy a intentarlo en la primera border con Malawi, Dzeza, y si no pudiera en esta, continuar viaje por Malawi hasta la siguiente, más cerca de la segunda ciudad de Malawi, Blantyere.
Llegamos a la ciudad de Dzeza y allí me poso del matatu cerca del mercado. Enseguida varios bicitaxis se acercan para ofrecerme sus servicios de transporte a la frontera que está a unos dos kilómetros. Tomo uno por 100 kwachas, unos 30 céntimos de euro. El chico se ganaba la vida ejerciendo de Indurain de Malawi, y ahí íbamos los dos, él, de rey de la montaña, porque al principio había que subir, y yo, de paquete con mi mochila en la parte trasera. En casi toda África son muy habituales para transportar gente e incluso para hacer de mensajeros de paquetes normales o de paquetes vivos como pueden ser niños, gallinas o cabras como había visto viajando por Burkina Fasso. Después de la subidilla vino el kilometro de bajada hasta el puesto fronterizo de Malawi donde, tras rápido y movido descenso me desocupó sano y salvo,  pagándole lo acordado por esta genial etapa del Tour de Malawi.
Pregunto en la parte malawense si podre gestionar un visado en la parte mozambiqueña y asegurándome que no iba a tener ningún problema, relleno el formulario de salida, y me sellan pasaporte. Solo faltaba que saliera de Malawi y no pudiera entrar en Mozambique, teniendo que volver a hacer otra vez otro visado para regresar a Malawi.
Todo fue bien, en el puesto mozambiqueño, me hacen el visado bastante rápido, charlo con los policías de frontera en portuguese que se entiende muy bien, y que felicidad no tener que usar por unos días mi casi inexistente inglés. Cambio los makras que me sobraban de Malawi por la nueva moneda mozambiqueña, el Metical.


Una vez ya en Calomue, pueblo al lado de la frontera, a donde llego andando en diez minutos, tomo una chapa, como llaman aquí a las furgos como mucha razón, al no quedar más que la chapa de la furgo, no tapicería, no molduras, no nada, lo esencial es la chapa. Y en ella me voy hasta la cercana localidad de Ulongwe. Allí cerca de otro proyecto de World Visión, no seria el ultimo que viera, quizá es la ONG mas presente en toda África como vi en muchos otros países, hay que bajarse de esta y tomar otra que va hacia la capital de la provincia Tete. Hubo como siempre que esperar a  que se llenara, y en esta ocasión cuando pensé que ya estaba llena, no salía, esperando, esperando pude comprobar que aquí el espacio es mucho menos importante que la rentabilidad y en la chapa donde supuestamente, con los trasportines que ponen en la pasillera entraríamos 15 personas nos metimos 21. Nuevo record para mi, pero no fue fácil, ahí que entrenar mucho para conseguirlo, cuando el 20 y el 21 se disponen a entrar los otros 19 expiramos todo el aire para adelgazar un poco y así entrar todos. Luego lo de respirar cada uno como puede, las ventanillas van abiertas y aportan un poco de oxigeno a los intrépidos buceadores que vamos dentro. Como siempre yo, el único blanco por estos lares, a mi lado una chica joven con su bebe de pocas semanas, que iba chupando teta para contribuir a bajar el volumen del transporte, pero nada, la leche que quitaba a la mama se le acumulaba a él. Y delante mio un chico joven con Anorak puesto, habría 40 grados allí dentro, y cosas de la moda, él con anorak pret a porter.

Ya de viaje por el país, desde mi ventanilla y con medio cuerpo fuera, iba saboreando el paisaje con muchas tierras de maíz salpicadas por arboles de mango, gente con azadas por la carretera camino de sus cultivos y muchos pick up con trabajadores viajando en la parte trasera. Pensaba mientras veía los campos, cuanta hambre quita el maíz y la patata en América y África, como el arroz en toda Asia. Es la base de la alimentación para más de medio mundo. Y no podemos olvidarnos que en nuestro país, y más en concreto en nuestra región no hace muchos años, nuestro maíz, nuestra boroña, y nuestras patatas apaciguaban el hambre de media Asturias en tiempos de postguerra.
En las cuestas el conductor de la chapa la deja en punto muerto y así se ahorra unos meticales de gasoil, que siempre ayuda, y pitando constantemente para evitar espontáneos en la road, que pudieran dañar lo que quedaba de chapa.
El paisaje con preciosas montañas en el horizonte, algunas con forma similar a un volcán pero de piedra caliza, era precioso. Los poblados de adobe con techos de paja, disponen de pequeños graneros, como en casi todo el continente, donde sus habitantes guardan el grano de la cosecha para racionar durante el año. Similares a nuestros hórreos, son el national bank de los pobres agricultores del país.

A medio camino, faltando todavía unas cuantas horas para llegar, nos paramos en la carretera al pasar por un pequeño pueblo a modo de área de servicio, donde negras mujeres fríen patatas y asan pollo en pequeñas barbacoas de leña. Los viajeros aprovechan también a comprar bolsadas de mangos, plátanos y patatas que allí debían de ser aún mas baratas que en el resto del país. Comemos todos rápido y otra vez a expirar profundamente para entrar todos inside, esta vez encima, con el estomago lleno….

Lo que pude comprobar durante las varias horas de viaje, por carretera mas bacheada después de cruce hacia Tete,  es que los mozambiqueños son aún mas buenos y honestos si cabe que el resto de africanos, siempre buscando el saludo y gratificándolo con una sincera sonrisa y con detalles como, que  una viajera tomaba la iniciativa de ir cobrándonos a todos los 190 meticales del trayecto y luego darle el dinero al señor motorista, como aquí llaman al chofer. La carretera poco transitada, se nota que poca gente puede optar a un coche o incluso a una moto, ya que en la carretera solo se ven grandes camiones y chapas de pasajeros.
A primera hora de la tarde nos acercamos a Tete con un genial paisaje lleno de grandes Baobabs, y con ganas de divisar el gran rio Zambeze a su paso por la ciudad. Gran atasco en la entrada de la ciudad precisamente para cruzar por estrecho puente colgante el ancho caudal del Zambeze. El motorista me indica hotel barato en la ciudad y me instalo en una gran cutreroom sin baño pero con vistas a la transitada y polvorienta calle principal.

Como decía, Tete es la capital de la norteña región mozambiqueña del mismo nombre, y tiene una gran importancia como nudo de carreteras, y como base para muchas empresas mineras de capital portugués y mixto presentes en la zona. Aquí si se veían muchos mas trabajadores blancos, sobre todo en los restaurantes cuando me fui a cenar cerca del rio. Un lujo tomar pasta con carbonara y piri-piri (salsa de pimientos picantes), y con aire acondicionado en el local. Llevaba semanas sin una confortabilísima cena como esta. De vuelta para la cama, locales van recogiendo sus callejeros puestos y comentando la jornada.

DÍA 24 DE VIAJE
31 ENERO TETE – PRESA DE CAHORA BASSA – TETE
Hoy me dispongo a visitar la gran presa de Cahora Bassa, uno de los mayores atractivos que tiene Mozambique por ser una de las cinco presas más grandes del mundo, y encima en un rio como el Zambeze. Esperando a que se llenara la chapa hacia la localidad de Songo, a escasos kilómetros de la presa, me voy a sacar unas fotos y saborear la vista del rio Zambeze. Ya desde pequeño me pasaba horas viendo nombres de ciudades, montañas, lagos y ríos en los atlas y recuerdo que  me encantaban los exámenes de geografía que consistían en rellenar los vacíos  mapas físicos de todos los continentes. Ahí coloque el nombre de varios ríos africanos que ya tuve ocasión de ver en directo como el Nilo, el Níger, el Gambia, y ahora le tocaba el turno al gran Zambeze. Ojalá en el futuro pueda navegar por el grande que me falta, el ramificado rio Congo, si la situación política de este país mejora.
Salimos por la carretera que lleva a Zimbabue y a la altura de Matomba nos desviamos al norte hacia Songo. En el trayecto precioso paisaje de poblados con pequeñas chozas, rebaños de cabras y baobad de todos los tamaños, hasta de tamaños descomunales donde se podría hacer uno una pequeña cabaña ahuecando alguno de estos arboles.  Son tan importantes en toda África subsahariana que no se les suele talar y forman parte de la vida de los pueblos, dando cobijo tanto a improvisados puestos, como a amenas charlas al caer la noche, como a paradas de bus.
Llegamos al final del trayecto en Songo, despierto al joven negrito que se quedo durmiendo en mi hombro, y tras visitar el pueblo me acerco caminando a las oficinas de la empresa Hidro eléctrica de Cahora Bassa, la cual gestiona la presa, para pedir autorización para visitarla. Tras pasar el control de seguridad que da acceso al gran edificio de oficinas, me dan cita con el encargado de relaciones publicas quien me recibe y me indica que puedo visitarla exteriormente, teniendo opción a una visita a su interior al día siguiente. Opto por verla por fuera, ya que no tengo tiempo a quedarme otra noche allí, y pregunto si alguien va hacia ella, pero no hay suerte. Opción, ir caminando, y son unos ocho kilómetros. Allá que voy atravesando nuevamente el ordenado, limpio y urbanizado pueblo de Songo, que para algo alberga a una de las mayores empresas de Mozambique, y aporta capital a las arcas municipales. Estas gigantescas infraestructuras son una lotería para el sitio que las acoge, por que entre el tiempo que se tarda en construirla, en este caso mas de una década, y la riqueza que aporta su generación de energía, la cual abastece a medio país, hace que parezca que uno este en un pueblo europeo, en vez de en la África rural. Pregunto a algunos conductores si van hacia la presa y nadie me entiende muy bien, y es que en portugués el término correcto es barragem. En todo caso esa carretera solo va a ella y no esta nada transitada, así que sigo caminando y cuando ya llevaba unos kilómetros aparece una moto con dos chicos, que paran y me pregunta el piloto que si quiero alojamiento o comida, él me lleva en la moto a un lodge cercano. Yo le digo que solo voy a ver la presa, pero a la vez pensándolo bien y faltándome aun varios kilómetros para llegar, opto por ir a tomar una cervecilla y comer algo allí. Así que sin ningún pudor el contento motorista le dice a su colega, que tiene un cliente que atender y que a partir de ese momento quien va andando hasta la presa es él. Nos vamos en pequeña motozuela casi sin frenos, por las cuestas que conducen hasta la presa, pero eso si usando el freno motor que se le revoluciona a tope. En una curva de la carretera le pido parar porque hay una vista espectacular de la presa y todo el lago de Cahora Bassa. Impresionante.

 Saco fotos, me deleito y subo nuevamente con mi Nieto, quiero decir con mi negro Angel Nieto y su parecida moto de 50cc, y seguimos camino del nivel del agua, donde se para para que contemple y admire el Zambeze y su fuertemente hormigonado embudo de diseño humano. Seguimos y me lleva al lodge en el que trabaja que es otro de esos pequeños paraísos que te encuentras cuando viajas tan incómodamente por estas tierras. Se llamaba Ugezi Tiger Lodge, y era un alojamiento al lado del embalse, y base para los muchos pescadores que vienen a disfrutar de su afición a este sitio lleno de peces.
 Aprovecho para comer, esta vez pescado, y era pescado pescado esa mañana en el Zambeze, que no se prueba todos los días, y tengo que reconocer que aquel pende, como me dijo el cocinero que se llamaba estaba…uhmm…como estaba.
Luego me acerco por las tranquilas casitas con magnificas vistas del lodge, hasta el borde del rio, donde artesanales embarcaciones navegan remontando el rio hasta la frontera con Zambia y Zimbabwe.
Para regresar desde allí otra vez con el campeonísimo motorista que me acerca hasta un cruce en la carretera que bordea el rio, y donde supuestamente pasa una chapa, cada sabe Dios cuantas horas.

 Allí me descabalga de su montura y me quedo en pequeña casa al lado del control de policía del cruce. Cerca de un grifo, un curioso gallo me observa como diciendo “no le queda a este nada que esperar aquí”, le saco una foto con tan mala suerte que me ve uno de los policías y me llama al puesto, donde su superior me dice que porque les había fotografiado. La situación empieza a ser incomoda, le intento explicar en medio hispanoportuguese, que solo fotografiaba al gallo, pero me hacen que les enseñe en el monitor digital las fotos. Viendo lo hermoso que había salido el gallo, se relajaron y charlaron un poco conmigo hasta que llegó al control un gran y nuevo pick-up, al cual le indican que si me llevan hasta el siguiente pueblo, y suerte allí me monto. Eran unos mozambiqueños blancos con conductor negro de una empresa de Maputo que habían venido a ver la presa, presa no, barragem.
Solo van hasta Chitima, donde me dejan y pregunto por la chapa que regrese a Tete para pasar noche. Unos amigables locales me mandan esperar a la puerta de su casa, que es medio casa, medio tienda y gustándoles mi cámara me animan a que saque unas fotuelas, que comienzo a tirar con gran aforo y expectación por ver el resultado en el monitor.

Después de unas dos horas, fuertemente interrogado por mi periplo viajero y ojeando mi arrugado mapa como si de un jeroglífico se tratara, llegó la chapa, que por supuesto hubo que esperar otra hora más a que se llenara para finalmente emprender viaje de regreso a la capi.
Me tocó chofer joven, y la consecuencia era radio a tope con música hip-hop que te deja la cabeza como un bombo en las casi dos horas de trayecto, pero me intento desconectar viendo el atardecer sobre los majestuosos baobabs, que por cierto en Mozambique llaman embondeiros. Noche en el mismo hotel fijo, “mas malo conocido que bueno por conocer” con aeronaves aladas sobrevolándome.


DÍA 25 DE VIAJE
1 DE FEBRERO  TETE – HARARE (ZIMBABWE)
Tras enterarme la noche anterior de donde salían las chapas para la frontera de Zimbabwe, salgo en una de ellas pasando por la pequeña población de Changara, donde los niños, aquí con uniforme blanco y verde, planta arboles cerca de su colegio a la orilla de la carretera.
Durante el trayecto, leo la historia de Mozambique y llego a la conclusión de que el mayor atractivo que tiene Mozambique, a parte de sus playas en toda la costa del Índico, es una palabra que en este país, como en otros de África, en los últimos tiempos es su mayor logro. Esa palabra es PAZ. Nosotros en occidente estamos muy acostumbrados a ella, pero en este país que sufrió la guerra hasta hace unos pocos años es la mayor de las felicidades. Y para mí también, que en mi ansia por conocer más y más lugares del globo, es un placer poder entrar en países sin conflictos armados, y una desilusión no poder viajar a otros por el momento por su situación actual. Y en la mayoría de los casos, no por culpa directa de sus habitantes, sino por desestabilizaciones exteriores basadas en fuertes razones económicas para terceros países. Se quitan y ponen gobiernos, presidentes y dictadores al antojo y deseo de estas poderosas fuerzas, siendo la población siempre la mayor damnificada como pude comprobar charlando con mi vecino pasajero, quien me contó que vivió refugiado en Malawi durante varios años, hasta que se estabilizó la situación en el país.
Hoy en día las dos fuerzas tantos años enfrentadas, el Frelamo (Frente de Liberación de Mozambique) y el Renamo (Resistencia Nacional de Mozambique) se mantienen coaligados en una deseada paz en el país. 
Ya tras dejar la frontera mozambiqueña, en la Zimbabuense me piden certificado de la fiebre amarilla, al ver en mi pasaporte que había estado en Tanzania. Menos mal que si llevaba la amarilla cartilla de vacunación de la amarilla fiebre y después de gestionar visado entro en Zimbabwe sin problema. Cambio los pocos meticales que me habían sobrado por dólares americanos, al  haber desaparecido ya la moneda nacional debido a la crisis de superinflación que paso el país en los últimos años, y que no le quedó mas remedio que dolarizar su economía. Tomo nuevamente un pequeño matatu para ir hacia la capital, y cual es mi sorpresa que al partir batimos nuevamente World Record of Pasajeiros, siendo en esta ocasión 22 los que estrechamos fuertes lazos de amistad en el interior de la abarrotada furgo.
En el camino a lo lejos se veían preciosas montañas rocosas que auguraban el paisaje que iba a contemplar a los pocos días. Las construcciones de los poblados ya cambiaban al ser las chozas de los shonas, etnia mayoritaria en el país, circulares y con techo de paja como en los otros países, pero mas grandes y hechas con rectangulares ladrillos de arcilla.
No obstante una cosa varía ostensiblemente, y era que cambiaban las pequeñas parcelas de tierra de Malawi o Mozambique, por grandes extensiones de terreno cultivado a modo de latifundio y totalmente valladas.
El país, aun con una gran crisis económica reciente, es de los mas ricos del continente junto a la vecina Sudáfrica, y se podía comprobar al acercarse a la capital con grandes casas cercadas por altos muros, muchos más y lujosos coches, y  carreteras con varios carriles. En la furgo un poco asustados por las fotos que tomaba desde el interior, y que me hacían señas de que guardara la cámara al pasar los controles de policía. Luego me enteraría que el gobierno del casi vitalicio Robert Mugabe, tiene prohibido tomar fotos sin autorización expresa.
Una vez en la estación de buses de Harare, me fui caminando a visitar el centro de la gran ciudad, muy parecida a Pretoria en Sudáfrica, por sus calles cuadriculadas y sus altos rascacielos al lado de pequeños edificios. Muchas iglesias e infinidad de bancos.
Desde cerca de la iglesia anglicana cojo un taxi por dos dólares para ir hasta el backpackers de Harare que se encontraba a las afueras de la ciudad y cerca de la Universidad.
Me instalo en otro pequeño y supereconomico paraíso, decorado exteriormente con figuras metálicas de animales en el jardín, elegante coche antiguo a la entrada,  y con una pequeña piscina que todavía me da tiempo  de probar. Charlo con una señora alemana que estaba leyendo en el jardín, y que resulta ser una estudiosa de los guepardos en Kenia, y de vacaciones con su marido en Zimbabwe.
Cena con uno de mis compañeros de cuarto

compartido, un americano de Seattle que trabajaba en Harare, y charla con una pareja de Israelitas de viaje por África. Noche de tormenta en temporada de lluvias en este país.

DÍA 26 DE VIAJE
2 DE FEBRERO  HARARE – BULAMAYO
Dejo el backpakers para continuar visitando la ciudad, después de desayunar empanadilla local con café en el cercano Shopping Center de Avalande, y taxi compartido hasta uno de los atractivos de esta capital que son sus jardines, Harare Gardens, donde se puede ver una pequeña reproducción de las cataratas Victoria pero con escasa agua. Luego visito la National Gallery con impresionantes esculturas en  piedra y granito del país, y el centro financiero con sus altos edificios de oficinas, bancos y compañías aéreas. Esta zona se me parecía mas a Johannesburgo que a Pretoria, en la vecina Sudáfrica.

Otra zona bonita de la ciudad es la First Av., calle peatonal y muy comercial, con vendedores, músicos e incluso parlanchines callejeros que levantaban mucha expectación entre los viandantes. Cada dos calles un Spar, antes tan familiar en España, y ya dejando el centro edificios más bajos camino de la estación de ferrocarril. Allí me entero de los trenes hacia Bulawayo, que como me sucedió en Tanzania, no salía hasta el día siguiente a la tarde.
Así que me voy en busca de la estación de donde salgan buses hacia la segunda ciudad del país que está bastante a las afueras. En abarrotado bus salimos por los aledaños del gran campo de futbol llamado Ruzafa Stadium, y abandonamos Harare viendo la silueta de su Skyline, y pasando por el Exhibition Park que es un recinto muy similar a nuestra Feria de Muestras.
El viaje, en principio de unas 7 horas, como siempre se acabaría convirtiendo en una jornada interminable, al parar el bus y dejar mucho pasaje, en la intermedia ciudad de Gweru y tras casi dos horas de no llenarse, solucionarlo uniendo el pasaje de dos autobuses para luego abarrotado uno de ellos salir hacia Bulawayo.

Durante este tiempo, compro unos plátanos junto a un zumo de naranja, que enseguida mis vecinos pasajeros, me alertan que no es bueno. Al principio no entendía por qué, pero luego comprendí que el vendedor rellenaba la mitad con agua y colocaba nuevamente el tapón para como Jesús “multiplicar los panes y los peces”. Pasajera de mi lado reclama al chico otro zumo perfectamente cerrado y me trae el de otro más honrado vendedor, pero al reclamarle este el dólar que yo ya le había pagado por todo, este se niega y se monta allí la de los demonios. Estarían cerca de una hora discutiendo y sin vender nada mas a los minibuses que paraban en la estación, con enfervorizada polémica por 50 cts. de dólar que uno reclamaba al otro. Los africanos cuando creen tener la razón la defienden horas y días si hace falta. Al final partimos merendándome los plátanos y el polémico zumo.
 La verdad que ya me llevaba fijando que a veces compras el agua embotellada por mejoría, pero el tapón abre tan fácil que supongo estará muchas veces rellenada. Menos mal que tampoco suelo tener diarreas mientras viajo, que sino como para bajar con prisa de un matatu con veintidós dentro.

En la carretera nos adelanta una camioneta a rebosar de repollos, que con la velocidad del adelantamiento a nuestro bus los va perdiendo con los baches, y como si de proyectiles se tratara el bus esquivaba los repollazos, sino se ve no se cree. Y para no creer era la exposición de lapidas funerarias en el margen de la road, que haría las delicias de Santa Lucia en España.

Bueno al final casi 10 horas muy amenas, sino fuera por que el chofer del nuevo autobús llevaba la radio, como ya me había tocado dos días antes, a potencia extrema y mis orejas ya no sabían donde meterse. Ellos sin problema lo solucionan hablando mucho más alto y sin mostrar dolor de cabeza alguno, son mundiales. Otra vez único blanco en el bus, pienso que ni se fijan en mí, pero al bajar del bus todos me saludan y desean buen viaje.

En Bulawayo, donde la mayoría de la población de la región es de la etnia endebele, provenientes de los reinos zulús de Sudáfrica, busco alojamiento para visitarla al día siguiente junto a uno de los mejores parques del país.

DÍA 27 DE VIAJE

3 DE FEBRERO  BULAMAYO – MATOPOS N.P – VICTORIA FALLS

Hoy tengo la idea de visitar desde la ciudad un parque de no muy gran tamaño, pero si muy importante por ser el que alberga el mayor paisaje granítico del mundo y sus famosas piedras oscilantes y que luego os cuento cosas de ellas, es el Matopos N. P. En la mañana me voy, en un taxi compartido, hacia la parada de los matatus que van a Matopos, y que salen de un barrio a las afueras de Bulawayo llamado Retreat. Cuando está lleno salimos hacia Matopos con control de policía a la salida de la ciudad. El conductor que va hacia el pueblo con los demás pasajeros para a la entrada del Parque Nacional, para dejarme a mí allí. Al no haber ningún vehículo en esta entrada del parque con el que visitarlo, muy amablemente el chofer del Matatu pregunta al guarda si en la otra puerta donde hay un lodge cercano puedo visitarlo con algún vehículo del alojamiento o a pie, y después de convencer al guarda accede a que pase, pero curiosamente sin pagar la entrada al parque nacional. El matatu entra con los demás viajeros, que no deben pagar por atravesarlo, y por la carretera interior del parque vamos circulando hasta dejarme cerca de la puerta de salida. Allí el matatu sigue hacia el pueblo, indicándome a mí que por un camino de tierra, mas o menos a un kilometro y medio encontraré el lodge del parque, y allí me informaran de todo.

Me quedo y voy caminando con los ojos mirando para todos lados por si aparece algún animalejo que me ocasione algún desperfecto. En esta zona del parque había leído que no suele haber felinos, pero si rinocerontes blancos. A medio camino oigo taconeos y cual es mi sorpresa cuando veo a un grupo de cebras que pastando se asustan un poco por mi presencia. En ese momento si que temía pudiera aparecer algún bichejo más problemático para mí y yo por allí andando sin coche, ya que es habitual en los parques ver a rinos o elefantes pastando con las cebras y los ñus. Esperaba en esta ocasión no fuera así, y al poco rato llegaba al resort de lujo con cabañas diseminadas entre la vegetación y con una choza de paja a modo de salón de lectura y con unas vistas preciosas del paisaje de rocas graníticas entre la vegetación.

 Ya en la recepción una amable recepcionista Zimbabwesa me informa que en ese momento no hay ningún vehículo disponible para visitarlo pero que con un poco de cuidado podía hacer el safari a pie, subiendo hacia una de las colinas donde había una inmejorable vista de todo el parque.

Y allá que me lanzo a caminar, encontrando en el camino otra manada de cebras, y ya comenzando la ascensión cuatro grandes impalas saltando un pequeño cierre que bordeaba el hotel. Me quede impresionado por su tamaño y con que habilidad fueron saltando uno a uno, desde la zona donde estaban pastando, al notar mi presencia.

Continúe por camino bastante bien marcado ascendiendo por entre vegetación y grandes rocas de granito, que a medida que subía se iban mostrando mas despejadas. Una vez arriba la vista era impresionante. Todo el parque se divisaba desde allí y a mi lado las grandes plataformas de granito oscuro, con líquenes amarillos y naranjas, hacían de solera de las grandes y redondeadas piedras que pareciera se fueran a caer en cualquier momento, unas de encima de otras. Los colores y las formas que la erosión fue moldeando durante miles de años, hace que este sitio fuera para los antepasados moradores un centro de rituales y gran espiritualidad, cobijando en su interior infinidad de cuevas con pinturas rupestres. Y con tanta majestuosa piedra no es de extrañar también que la palabra Zimbabwe, significa en lengua bantú “gran casa de piedra”. A lo lejos se puede ver la colina donde deseó ser enterrado Cecil Rhodes, quien luchó por la independencia de este país, y evitó su unión al estado sudafricano, y dio nombre al país en décadas pasadas: Rhodesia. Durante el viaje voy leyendo la historia de cada país que visito y la de Zimbabwe es muy interesante y guarda muchas similitudes con la de Sudafrica.

Después de tomar unas cuantas fotos de las curiosas formas voy bajando por la otra vertiente para en poco más de una hora llegar nuevamente al lobby del hotel. En el camino un asustadizo lagarto se esconde trepando entre la vegetación de una de las rocas, lo que él no sabia era que me había asustado más a mi por su gran tamaño. Bueno cada uno por nuestro lado y en paz. Tomo una cerveza local mientras ojeo un cuaderno de las pinturas rupestres de la zona, y la recepcionista me informa del lugar por donde debo ir caminando para llegar a otra carretera principal donde suelen pasar las furgos de vuelta a Bulawayo.





Comienzo a andar y entre la sabana aparecen curiosas otro grupo de cebras, que debían de venir de beber en gran charca con agua bombeada que se veía al fondo. En Zimbabwe hace años que bombean agua a los estanques para que no se sequen fuera de la estación de lluvias y así mantener a las manadas todo el año en los parques. Se dejan fotografiar y me llama mucho la atención que dos de ellas estaban a medio pintar. Solo tenía a rayas sus patas, pero su cuerpo era marrón sin tunear. O se les acabo la pasta a medio pintar, o a los dioses les paso un ángel cuando las ponían en la tierra, o ahora se lleva camiseta lisa con pantalón a rayas. En todo caso preciosas y curiosas como todas, una variante rara de su especie.

Al menos recorrí los aproximadamente dos kilómetros que había a la puerta de salida del parque sin la pequeña tensión de la entrada, sabiendo por la chica del hotel que no había rinos o leopardos, habituales en el parque, en este área. Aunque la verdad, ver un leopardo que hubiera desayunado bien por la mañana dormitando en una rama, no me hubiera importado, es el quinto de los Big Five junto al búfalo, rinoceronte, león y elefante, y la verdad que solo vi uno en libertad en todos los safaris que hice hasta ahora, en el parque keniata de Masai Mara. Creo es el animal mas hermoso que se puede ver, y siendo mucho mas esbelto que el pequeño guepardo.

Bueno, ya en la carretera y disponiéndome ya a pasar varias horas esperando apareciera algún transporte por aquella poco o casi nada transitada vía, me siento en una afalladiza roca, como no, de brillante granito rojo de la zona, y cuando no habrían pasado ni cinco minutos aparece un matatu dirección Bulawayo y con un asiento libre. Lo del asiento libre fue para ir mas cómodo, porque como ya os conté, aunque no hubiera asiento libre se inventa en un momento, y allí no me dejan fijo. Por cuatro dólares aparezco al cabo de una hora en el centro de la ciudad, que junto con los cinco de la ida hacen una cantidad muy asumible, mientras que si hubiera tenido que pagar una visita convencional el total se hubiera acercado a los 200 euros. Si buscando la suerte, aparece algo más de suerte, el resultado es que todo se puede hacer de una forma más económica.

Ya en la ciudad, aprovecho para recorrerla y sacar alguna fotilla, como en una gran tienda de pelucas que ellas usan mucho para cambiar de peinado.

Y me voy caminando por las cuadriculadas manzanas hasta la Sexta con Five, donde están las oficinas de la empresa de buses Pathfinder que me recomendó la recepcionista del lodge de Matopos, y que esta vez decido tomar para descansar un poco en el viaje hacia Victoria Falls. Y digo descansar, porque era la primera vez en el viaje que tomaba un bus normal como los Alsas españoles, en vez de un matatu, minibús o destartalado bus regional. Y así fue por 9 euros más que en el que había venido de Harare, me subí al para ellos llamado luxury bus con servicio parecido al supra de Madrid. Refrigerador de agua en las oficinas de la terminal, maquina de café a mi servicio, check in de acceso al bus, vamos que ni me acordaba de lo que era viajar con un asiento para mi solo, y encima reclinable, como un señor, si señor.

En el viaje con ya algún viajero blanco, que desde que mi compañero de Kili Santi se despidió en Dar el Saalam, no había tenido ninguno, y viendo película de Eddy Murphy, con la que el pasaje se muere de risa, como hamburger de pollo y agua con gas que nos sirve el negrito y encantador azafato Zimbabwense.

En el trayecto voy viendo el paisaje desde mi gran cristal sin ventanilla, con aire acondicionado, y cuando el bus para en los cruces, los afanados vendedores de fruta y refrescos me ofrecen, sin posibilidad alguna de comprarles algo, ¿por donde me lo iban a entregar? ¿Cómo les iba a pagar? Me sentía más distante de la gente, los matatus son más incomodos, pero con sus ventanillas abiertas estas en contacto directo con la vida africana, con sus gentes, con los niños, no lo cambiaria durante todo el viaje.

Como siempre controles de policía, pero se nota que estamos en los países ricos de África, o por lo menos de los que lo fue, los coches de policía flamantes BMW y Mercedes, con señoras policías con simpático gorro azul marino tipo Tyrol austriaco, lo último en uniformes policiales. Veo gran lodge escuela de la organización SOS Aldeas infantiles, y mas adelante centro de Caritas Diocesana, que junto a los muchos vistos de World Vision y Unicef, me sirve mucho más aún para animar a todos a creer que casi todo el dinero que se da a la ayuda internacional llega a destino y aunque haya una parte burocrática, no debemos de dejar nunca de seguir ayudando, cada uno en la medida de lo posible, a la escolarización y asistencia sanitaria en tantas zonas rurales de este y otros continentes.

Asimismo se comprueba como afecta la crisis económica y política del gobierno de Mugabe en los últimos años, en este país con carreteras bien planificadas y construidas pero con la hierba de los arcenes sobrepasando la altura de los arboles, tendidos eléctricos y telefónicos tirados, y abandono de las vías del ferrocarril.

En cuanto a los poblados shonas, pocos en pequeños pueblos con sus chozas cónicas de ladrillo y techos de paja. Rebaños de cabras y vacas volviendo solas a sus empalizadas al acabar el día. Ya me había llamado mucho la atención en mi viaje por el Sahara y Sahel, comprobar como los rebaños funcionan por instinto de rutina. Magnifica y rojísima puesta de sol llegando a parque de Hwange, donde habita la mayor población de elefantes del planeta, y cercana a los 70.000 ejemplares.

Bastante pasaje del autobús se queda en esta ciudad anexa al parque, y el resto continuamos para llegar a Vic Falls en poco mas de cinco horas, la mitad que me llevaría en un autobús lowcost.

Vic Falls es la ciudad que se creó en la parte Zimbawense de las Cataratas Victoria para el turismo que llegaba a la zona, y que es la abreviatura de su nombre en ingles. El bus tiene parada en dos de sus lujosísimos hoteles, el Kingdom y el Ilala Hotel, yo me poso y me voy caminando a mi lujosísimo Shoestrings Backpackers Hotel, noooo, lujosísimo no, pero ambiente inigualable. Cuando llego con mi mochila ya bastante de noche, nadie se fija en mí en la recepción instalada en la barra del animado bar, donde una superfiesta mochilera con tambores locales y luz de velas en todo el jardín hacia casi imposible oír nada. Al final la camarera me atiende y me dice que solo hay libre una litera en una habitación compartida por 11$, vamos lo que venia buscando. Me instalo e intento cenar algo en una gran parrilla instalada en el jardín de la fiesta, pero con tal aforo el chef me dice que se les acabó casi todo y que no sirven más. Así que me salgo y aunque ya muy de noche me acerco hasta un rest camp a medio kilometro por la carretera que había visto al venir.

Allí si todavía están sirviendo cenas y elijo de su carta, fritos de cocodrilo con patatas bañados en salsa piri-piri de pimientos picantes, ya que sino es una carne bastante seca, y que en Zimbabwe es muy típica, y que recordaba era de lo que más me había gustado, cuando lo comí por primera vez en el restaurante Carnivore de Nairobi en anterior viaje a Kenia.

La verdad es que estaba delicioso, y con el hambre que traía, me hubiera comido hasta los dientes, del más que habitual habitante del rio Zambeze. De hecho en este rio es muy complicado bañarse sin conocer la zona por las grandes colonias de estos reptiles.

De vuelta a mi tranquilo alojamiento, es broma, era un macro botellón todavía a esas horas, me enfundo en mi saco sabana pensando ansiosamente en lo que me esperaba al día siguiente y que era el destino deseado de mi viaje: La séptima maravilla natural del mundo, las Cataratas Victoria. Pero eso os lo contaré en un blog solo para ellas, que como “Tres historias del Kilimanjaro” se lo merecen y mucho.

Os cuento enseguida...
P.D: Cuando paró la música, oí el rugido de las cercanas cataratas Victoria, see you tomorrow